El alboroto y la peligrosidad
“Luego, todos los de la Junta Suprema se pusieron de pie y
llevaron a Jesús ante Pilato, el gobernador romano. Cuando llegaron, comenzaron
a acusar a Jesús y dijeron: —Señor gobernador, encontramos a este hombre
alborotando al pueblo para que se rebele contra Roma. Dice que no debemos pagar
impuestos al emperador, y que él es el Mesías. Es decir, se cree rey”, Lc 23:2
Estar en el seguimiento de Jesús puede resultar peligroso,
pero peor es llevar una vida insignificante. Cuando una vida no tiene nada que
decir y no inquieta a nadie puede perder significancia. Seguir a Jesús es
dejarse inquietar por Dios. Conocer a Jesús y seguirlo no suaviza sus
exigencias, tampoco hay facilidades. Implica decir quiénes somos, lo que
creemos, lo que anhelamos y amamos.
La capacidad de inquietar está directamente relacionada con
la disponibilidad de estar abiertos a los valores del Reino de Dios. El
testimonio depende de la amplitud del ideal y tiene que ver con situaciones que
necesitan ser transformadas. Es una decisión precisa, lúcida y coherente.
Nuestra existencia puede estar relacionada con algo que merezca jugarnos por
entero. Seamos semillas de fe, que Dios nos plante llevando esperanza y
cubriendo la vida con amor.
“Desde que Juan el Bautista comenzó a predicar ahora, el
reino de Dios avanza a pesar de sus enemigos. Sólo la gente valiente y decidida
logra formar parte de él.”, Mt 11:12.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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