Salir de las sombras
“Más tarde, José de Arimatea, quien había sido un discípulo
secreto de Jesús (por temor a los líderes judíos), pidió permiso a Pilato para
bajar el cuerpo de Jesús. Cuando Pilato concedió el permiso, José fue a buscar
el cuerpo y se lo llevó. Lo acompañó Nicodemo, el hombre que había
ido a ver a Jesús de noche. Llevó consigo unos treinta y tres kilos de ungüento
perfumado, una mezcla de mirra y áloe. De acuerdo con la costumbre de los
entierros judíos, envolvieron el cuerpo de Jesús untado con las especias en
largos lienzos de lino. El lugar de la crucifixión estaba cerca de un huerto
donde había una tumba nueva que nunca se había usado. Y, como era el día de
preparación para la Pascua judía y la tumba estaba cerca, pusieron a Jesús
allí”, Jn 19:38-42
José de Arimatea y Nicodemo (Jn 7:32, 50-51) se
transformaron en discípulos de Jesús. Ellos aparecieron arriesgándose. Salieron
de la oscuridad y tomaron el cuerpo de Jesús para darle sepultura. Esto
requería valor y fue parte de un proceso que los transformó en seguidores de
Jesús.
Juan seguramente narra estos acontecimientos con la
esperanza y propósito de provocar una transformación en los cristianos secretos
de su tiempo que querían mantener secreta su fe en Jesús y no entrar en
problemas con los demás.
No podemos domesticar el Reino de Dios a nuestra forma de
pensar y ser. Su Reino viene para todos y somos llamados a ser testigos. Jesús
pretende dirigir el Reino Universal por lo tanto Jesús nos confronta. Su Reino
es una invitación abierta para aceptar sus prioridades y el poder del Espíritu
Santo nos debe llevar de todas partes a todos lados.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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