Temor, tristeza y angustia
“Fueron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús les dijo a sus
discípulos: «Siéntense aquí mientras yo oro». Se llevó a Pedro, a Jacobo y a
Juan, y comenzó a sentir temor y tristeza. «Es tal la angustia que me invade
que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y vigilen», Mc 14:32-36
Nos encontramos con Jesús antes de la cruz y lo que ha sentido. Jesús llora y
se estremece ante la perspectiva de la muerte. Siente angustia, ruega, derrama
lágrimas y suplica al que lo puede librar de esa prueba espantosa.
"Cuando Cristo estuvo aquí en el mundo, oró mucho a Dios, y con lágrimas
le rogó que lo librara de la muerte, …”, Heb 5:7-9. Jesús no afronta la prueba
decisiva como un héroe inconmovible e imperturbable. Es un hijo obediente, pero
rechaza el rol de héroe. El héroe se coloca a una distancia inalcanzable. Jesús
se manifiesta como cercano a todos nosotros. Es uno que siente nuestros mismos
temores y que pasa por nuestros mismos miedos. Jesús se presenta débil, frágil,
tembloroso, indefenso, perdido. Jesús no llevará la cruz con la pretensión de
que no pasa nada y antes de morir, se romperá el aire con su grito.
Nos gustaría encontrar respuestas, pero en sus labios solamente encontramos una
pregunta ¿Por qué me has abandonado? Jesucristo expresa nuestra propia voz de
desesperación, nuestras protestas, nuestras rebeliones, tormentos y dudas. El
Salvador nos presta su voz y sus lágrimas cuando nuestra garganta ya está seca
y nuestros ojos gastados por el llanto. En Jesucristo nuestro clamor se
convierte en oración, nuestra soledad encuentra una amistad y las sombras se
convierten en luz por sus promesas.
"Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el
cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. Nuestro Sumo
Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de
las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. Así que
acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí
recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando
más la necesitemos”, Heb 4:14-16
Carlos Scott
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