Una comunidad a la que pertenecemos
Cuando hablamos de las iglesias en casa hacemos referencia a
una iglesia sencilla, relacional, centrada en Jesús y vivida en lo cotidiano. La
iglesia es un pueblo, una familia, un cuerpo y una comunidad enviada. La
iglesia no es simplemente un evento al que asistimos, sino una comunidad a la
que pertenecemos.
Cuando vamos al Nuevo Testamento, encontramos una iglesia
profundamente sencilla, pero no superficial. Hablamos de una vida compartida
donde los creyentes se reunían en casas, partían el pan, oraban, aprendían, se
servían unos a otros y vivían la fe en medio de su vida diaria. Una comunidad
llena de vida, sentido de misión y poder del Espíritu Santo, Hch 2:42-47.
La Biblia describe a la iglesia como un cuerpo. Eso
significa que cada miembro tiene una función, cada persona aporta y nadie está
llamado a vivir como espectador. La iglesia es la presencia de Dios que habita
en su pueblo. Ser comunidad implica cercanía, compromiso, cuidado, pertenencia,
1 Co 12:12-27
Jesús es el centro, el modelo. El fundamento de la iglesia
es Cristo. El evangelio es el centro que forma toda la vida de la comunidad. La
gracia, el perdón, la reconciliación, la transformación y la nueva vida en
Cristo moldean nuestras relaciones y nuestra misión. Es una iglesia que se
expande, la Palabra crece, los discípulos se multiplican y nuevas comunidades
nacen.
La iglesia es algo que recibimos de Dios y aprendemos a
vivir según su diseño. Una comunidad centrada en Jesús, formada por el
evangelio, vivida en relación y enviada en misión. “Mientras tanto, la palabra
de Dios seguía extendiéndose, y hubo muchos nuevos creyentes.”, Hch 12:24
Las Casas en El Camino. Una mesa abierta para todos










