Dios viste el traje de todos los días
"Jesús salió de esa región y regresó con sus discípulos a Nazaret, su
pueblo. El siguiente día de descanso, comenzó a enseñar en la sinagoga, y
muchos de los que lo oían quedaban asombrados. Preguntaban: «¿De dónde sacó
toda esa sabiduría y el poder para realizar semejantes milagros?». Y se
burlaban: «Es un simple carpintero, hijo de María y hermano de Santiago,
José, Judas y Simón. Y sus hermanas viven aquí mismo entre nosotros». Se
sentían profundamente ofendidos y se negaron a creer en él. Entonces Jesús
les dijo: «Un profeta recibe honra en todas partes menos en su propio
pueblo y entre sus parientes y su propia familia». Y, debido a la
incredulidad de ellos, Jesús no pudo hacer ningún milagro allí, excepto poner
sus manos sobre algunos enfermos y sanarlos. Y estaba asombrado de su
incredulidad.", Mc 6:1-6
"Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron", Jn 1:11.
Jesús está sorprendido por la falta de fe y la incredulidad entre sus
paisanos por motivos familiares. Ellos hacen las preguntas correctas, pero
sacan conclusiones erradas. Su problema fue colocar rápidamente a Jesús en
una categoría equivocada. No se tomaron el tiempo para pensar y procesar
delante que quien estaban. Están dispuestos a encasillar lo inesperado en
categorías preexistentes. La incredulidad puede venir en la
incapacidad de aceptar la manifestación de Dios en lo cotidiano, en la
normalidad.
El milagro siempre es una respuesta a la fe, pero en Nazaret no prosperó la fe
de la gente. "La fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje
que se oye es la palabra de Cristo”, Ro 10:17. Que este día pueda ser un día
donde podamos ver más allá porque Dios viste el traje de todos los días.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox










