Partir el pan
“Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo
bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo
reconocieron, pero él desapareció”, Lc 24:30-31
Jesús fue reconocido no precisamente por abrir un libro,
sino en el acto de partir el pan. Es un pan que despierta los sentidos y
nuestro entendimiento. Es un don que se recibe con los ojos.
Nuestra distancia con el Señor puede estar marcada por no
saber ver y permanecer bajo el signo de la palabra y del pan. Después de haber
acumulado tanto cansancio y recibir decepciones, siempre hay un pan partido que
nos da nueva fuerza y confianza.
El sendero de la vida que el Señor nos muestra nos permite
dejar atrás las caras largas, las lamentaciones, el desánimo, los suspiros, las
frustraciones. “Me mostrarás el camino de la vida; me concederás la alegría de
tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre”, Sal 16:11.
El caminante misterioso que se une a los viajeros a Emaús
enciende sus corazones con una palabra y luego lo reconocen al partir el pan.
La resurrección es una fuerza que transforma la realidad. “Los dos, por su
parte, contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo habían
reconocido a Jesús cuando partió el pan”, Lc 24:35.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox







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