jueves, 17 de septiembre de 2026

Jesús nos llama y espera una respuesta

Jesús pasa, mira y llama                                                           

“Jesús entró en Jericó y comenzó a pasar por la ciudad. Había allí un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuestos de la región y se había hecho muy rico.  Zaqueo trató de mirar a Jesús pero era de poca estatura y no podía ver por encima de la multitud. Así que se adelantó corriendo y se subió a una higuera sicómoro que estaba junto al camino, porque Jesús iba a pasar por allí. Cuando Jesús pasó, miró a Zaqueo y lo llamó por su nombre: «¡Zaqueo!—le dijo—. ¡Baja enseguida! Debo hospedarme hoy en tu casa».  Zaqueo bajó rápidamente y, lleno de entusiasmo y alegría, llevó a Jesús a su casa; pero la gente estaba disgustada, y murmuraba: «Fue a hospedarse en la casa de un pecador de mala fama» ... Jesús respondió: —La salvación ha venido hoy a esta casa ...", Lc 19:1-10

Jesús nos llama y espera una respuesta. Zaqueo “lleno de entusiasmo y alegría, llevó a Jesús a su casa”.

La casa de Zaqueo fue la manifestación de la comunión, enseñanza y expresión del amor de Dios. Compartir la casa permite expresar la unidad, la escucha y la reconciliación. Es donde fortalecemos los lazos familiares, comunitarios y se reflejan los principios del Reino de Dios.

Los cristianos de la primera generación se reunían en asambleas que equivale al termino iglesias en las casas. “Las iglesias de aquí, en la provincia de Asia, les mandan saludos en el Señor, igual que Aquila y Priscila y todos los demás que se congregan en la casa de ellos para las reuniones de la iglesia.”, 1 Co 16:19. “Les ruego que saluden de mi parte a nuestros hermanos en Laodicea, y también a Ninfas y a la iglesia que se reúne en su casa.”, Col 4:15. El termino casa (Oikós) aparece unas 115 veces en el Nuevo Testamento.

Las casas fueron espacios de inclusión, sanación, enseñanza, nuevos vínculos, oración y espiritualidad. Jesús es presencia sanadora, liberadora y salvadora. Es Buena Noticia para todos y en primer lugar para los últimos y discriminados.

El Señor nos vuelve a desafiar y nos dice: “Debo hospedarme hoy en tu casa”.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


miércoles, 16 de septiembre de 2026

Jesús da vuelta el orden social y las convenciones establecidas

Dios bendice...

"Uno de los fariseos invitó a Jesús a cenar, así que Jesús fue a su casa y se sentó a comer. Cuando cierta mujer de mala vida que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume. Llorando, se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume. Cuando el fariseo que lo había invitado vio esto, dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué tipo de mujer lo está tocando. ¡Es una pecadora!», Lc 7:36-50

Las más grandes enseñanzas en las que Jesús impartió vida sucedieron mientras compartía su diario andar, cuando caminaba de un pueblo a otro, cuando se detenía ante el pedido de la gente, cuando se sentaba a la mesa. 

Jesús da vuelta el orden social y las convenciones establecidas. Jesús tiene otra visión de orden y sus valores. Es en una casa donde se integran a los excluidos y Jesús cambia el esquema de los tiempos finales rechazando la discriminación y alejamiento.

Compartir la mesa con Jesús es tocar lo más profundo de cada persona con su historia, es nutrir la vida, abrir el corazón con sus alegrías y tristezas. Jesús nos revela sus gestos y sus opciones.

«Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece. Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados. Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra. Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dios bendice a los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios. Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto, porque el reino del cielo les pertenece.”, Mt 5:1-12

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Encuentro mensual compañeros de movimiento. Iglesias en casas. Felipe Echeverri


 

martes, 15 de septiembre de 2026

Dios nos llama a mantener viva la memoria de su fidelidad

Memoria

“También tomó pan y le dio gracias a Dios; luego lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo: «Esto es mi cuerpo, que ahora es entregado en favor de ustedes. De ahora en adelante, celebren esta cena y acuérdense de mí cuando partan el pan.» Cuando terminaron de cenar, Jesús tomó otra copa con vino y dijo: «Este vino es mi sangre, derramada en favor de ustedes. Con ella, Dios hace con ustedes un nuevo pacto.”, Lc 22:19

Una fe que hace memoria mantiene viva la experiencia del pasado en el presente. Es fortalecer la fe, encontrarnos con las promesas Dios y hallar consuelo en tiempos desfavorables. El libro de Lamentaciones nos recuerda: “Pero algo más me viene a la memoria, lo cual me llena de esperanza:  Por el gran amor del Señor no hemos sido consumidos y su compasión jamás se agota.  Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! Me digo a mí mismo: «El Señor es mi herencia. ¡En él esperaré!». Lm 3:22-24

Dios nos llama a mantener viva la memoria de su fidelidad. Asaf en medio de su angustia escribe el Salmo 77 y dice: “Prefiero recordar las hazañas del Señor, traer a la memoria sus milagros de antaño. Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.”, Sal 77:11-12

Recordar implica una celebración activa y continua. David canta y expresa: “¡Con todas las fuerzas de mi ser alabaré a mi Dios!  ¡Con todas las fuerzas de mi ser lo alabaré y recordaré todas sus bondades!”, Sal 103:1-2. “Recuerden todo lo que ha pasado desde tiempos antiguos. Yo soy Dios, y no hay otro; soy Dios, y no hay nadie igual a mí”, Is 46:9

Celebramos el triunfo de nuestro Señor. Su victoria es la nuestra. “Después de esto miré y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de ropas blancas y con ramas de palma en la mano. Proclamaban a gran voz: «¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero!», Ap.7:9-10

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 14 de septiembre de 2026

Las mesas en las que Jesús participó tuvieron un impacto eterno

Inclusión

“Más tarde, Jesús y sus discípulos estaban cenando en la casa de Mateo. Muchos de los que cobraban impuestos, y otras personas de mala fama que ahora seguían a Jesús, también fueron invitados a la cena. Cuando algunos maestros de la Ley, que eran fariseos, vieron a Jesús comiendo con toda esa gente, les preguntaron a los discípulos: —¿Por qué su maestro come con cobradores de impuestos y con gente de mala fama? Jesús los oyó y les contestó: —Los que necesitan al médico son los enfermos, no los sanos. Y yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen buenos.”, Mc 2:15-17

Las mesas en las que Jesús participó tuvieron un impacto eterno, pero al mismo tiempo muchos no lo podían entender. Jesús estuvo dispuesto a perder fama y popularidad porque entendía que una mesa estratégica valía más que ser reconocido por las multitudes.

Todo comienza en la sencillez de compartir la vida de una manera profunda y sincera. Había diálogo, empatía y proximidad. Discipular una generación es seguir las opciones de Jesús e imitar sus gestos. 

La profundidad de cada acontecimiento encendió el corazón de los discípulos. Las buenas nuevas las llevo adelante una generación que entendió el propósito de Dios permaneciendo en sus enseñanzas y dando fruto

“Oigan bien esto: De todas partes del mundo vendrá gente que confía en Dios como confía este hombre. Esa gente participará en la gran cena que Dios dará en su reino. Se sentará a la mesa con sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.”, Mt 8:11

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


domingo, 13 de septiembre de 2026

El Señor nos trata de manera especial, somos su joya, su tesoro

Así eres tú

“Tú, Dios mío, eres mi pastor; contigo nada me falta. Me haces descansar en verdes pastos, y para calmar mi sed me llevas a tranquilas aguas. Me das nuevas fuerzas y me guías por el mejor camino, porque así eres tú. Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tú eres mi pastor y siempre estás a mi lado; me guías por el buen camino y me llenas de confianza. Aunque se enojen mis enemigos, tú me ofreces un banquete y me llenas de felicidad; ¡me das un trato especial! Estoy completamente seguro de que tu bondad y tu amor y me acompañarán mientras yo viva, y de que para siempre viviré donde tú vives.”, Sal 23

Así es el Señor, “tú me ofreces un banquete … y siempre viviré donde tú vives.” Hay una mesa donde nada falta, podemos descansar, hay saciedad, recobramos la fuerza. Es una mesa donde encontramos dirección, seguridad y certeza. El Señor nos trata de manera especial, somos su joya, su tesoro. Su bondad y amor nos acompaña. Hay misericordia y perdón. ¡Bienvenidos a la mesa del Señor!

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 12 de septiembre de 2026

Jesús nos invita a formar parte de su historia

Compartiendo la mesa con Jesús

Compartir la mesa con Jesús y unos con otros es un lugar donde podemos nutrir nuestra alma y nuestro espíritu. Permite un espacio de comunión y el centro es Jesús. Es un tiempo donde muchas decisiones son tomadas.

Jesús nos invita a formar parte de su historia donde encontramos propósito, significado, pertenencia y participación. Nos llama a compartir la mesa de comunión. »¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos”, Ap 3:20. Hay unión, vínculo, conexión. Es una mesa diaria de relación.

El apóstol Juan nos recuerda que el Señor nos prepara un desayuno. “Cuando llegaron, encontraron el desayuno preparado para ellos: pescado a la brasa y pan … -- «¡Ahora acérquense y desayunen!», dijo Jesús … Entonces Jesús les sirvió el pan y el pescado”. Es el momento donde Jesús nos vuelve a preguntar ¿me amas más que estos?

“—Sí, Señor—contestó Pedro—, tú sabes que te quiero. —Entonces, alimenta a mis corderos—le dijo Jesús. Jesús repitió la pregunta: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? —Sí, Señor—dijo Pedro—, tú sabes que te quiero. —Entonces, cuida de mis ovejas—dijo Jesús.  Le preguntó por tercera vez: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que Jesús le dijera la tercera vez: «¿Me quieres?». Le contestó: —Señor, tú sabes todo. Tú sabes que yo te quiero. Jesús dijo: —Entonces, alimenta a mis ovejas … «Sígueme», Jn 21:1-25.

La mesa de relación, comunión y cooperación solo se profundiza con una sola palabra: «Sígueme»

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox 


viernes, 11 de septiembre de 2026

A Jesús lo encontramos en el camino, en movimiento y junto a él una comunidad que le sigue

De un lugar a otro

“Después los llevó Jesús hasta Betania; allí alzó las manos y los bendijo. Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, entonces, lo adoraron y luego regresaron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el templo, alabando a Dios”, Lc 24:50-53

A Jesús lo encontramos en el camino, en movimiento y junto a él una comunidad que le sigue. El Señor nos muestra que la fe se vive en “salida”, hacia afuera. Jesús se compromete en ser nuestro guía cada vez que nos movamos para anunciar el evangelio. Todo esto es posible con su bendición que significa la provisión de Dios para el desarrollo del ser humano.

Los discípulos saludan la partida del Señor no con el llanto sino con la alegría. “Los discípulos regresaron a Jerusalén con gran alegría”. Deberán enfrentar un mundo donde nada ha cambiado, donde actúan las fuerzas del mal, el sufrimiento, la muerte, el odio y a su vez anunciar que todo ha cambiado.

Deben afrontar un mundo hostil llevando la paz, el amor y el perdón donde lo harán con la fuerza y la alegría de lo alto. Estos testigos van a declarar que el cielo es posible traerlo a la tierra. Jesucristo ha resucitado, es el tiempo de la esperanza y su bendición nos llena de alegría. 

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


jueves, 10 de septiembre de 2026

Jesús nos ayuda a encontrar el sentido de la vida

Saber y comprender

“Al instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron a los once y a los que estaban reunidos con ellos. «¡Es cierto! —decían—. El Señor ha resucitado y se le ha aparecido a Simón». Los dos, por su parte, contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando partió el pan.”, Lc 24:33-35

Solemos tener información de muchas cosas, pero no a todas les podemos dar una explicación. Saber no necesariamente significa comprender. Jesús nos ayuda a encontrar el sentido de la vida, nos comparte la escritura y se nos revela en el gesto de partir el pan.

Todo esto es una acción de gracia. Cleofás y el otro discípulo se habían alejado de Jerusalén y se separaron de la comunidad. Se alejaron de un lugar peligroso donde comenzaría la expansión de su gloria. Por su gracia, Jesús nos alcanza, nos encuentra, no solamente cuando lo buscamos, sino también cuando huimos.

Jesús sale a nuestro encuentro y vuelve a encender el fuego que todos necesitamos para vivir. Se trata de encender nuestro corazón porque Dios nunca pierde el corazón, nunca. Quizás sea necesario que salga nuevamente a nuestro encuentro para percibir un latir diferente del corazón. Necesitamos tener una chispa de aquel fuego, un gran espíritu de aventura y un amor al riesgo para ir a "Jerusalén”.

«Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres», Mt 4:19. “Su palabra arde en mi corazón como fuego. ¡Es como fuego en mis huesos!”, Jer 20:9

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox 


miércoles, 9 de septiembre de 2026

La palabra que nos alcanza es siempre el fenómeno de estar en el camino

Una chispa

“Se decían el uno al otro: ― ¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?, Lc 24:32

El día que Jesús resucitó se encontró con dos de sus seguidores en el camino a Emaús, Lc 24:13-35. Salían de Jerusalén que se había transformado en un lugar peligroso. Estos creyentes estaban abatidos y preocupados. Sus sueños destruidos. Parecía no tener explicación lo ocurrido con Jesús de Nazaret. Jesús habló con ellos y la oscuridad se hizo luz.

La invitación fue simplemente a leer y a entender. Acercarnos a la palabra de Dios como realidad viva y confiarnos a la guía del Espíritu. Jesús les dio significado a las cosas, les presentó un gran panorama y sus vidas tuvieron sentido “Entonces se le abrieron los ojos y lo reconocieron…”. “Se decían el uno al otro: ― ¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?

La palabra que nos alcanza es siempre el fenómeno de estar en el camino. Ellos regresaron a Jerusalén, lugar de peligro y hostilidad. Se preparaba la expansión global de su gloria. Esta sería lanzada con los discípulos desde un lugar peligroso: Jerusalén. Nada pudo detener la obediencia y el gozo de entender la gran visión del Señor. “Para dejar de caminar con pasos torpes, es necesaria una chispa, una sacudida que cambie el ritmo de los latidos del corazón” 

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 8 de septiembre de 2026

El signo de la palabra y del pan

Partir el pan

“Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció”, Lc 24:30-31 

Jesús fue reconocido no precisamente por abrir un libro, sino en el acto de partir el pan. Es un pan que despierta los sentidos y nuestro entendimiento. Es un don que se recibe con los ojos.

Nuestra distancia con el Señor puede estar marcada por no saber ver y permanecer bajo el signo de la palabra y del pan. Después de haber acumulado tanto cansancio y recibir decepciones, siempre hay un pan partido que nos da nueva fuerza y confianza.

El sendero de la vida que el Señor nos muestra nos permite dejar atrás las caras largas, las lamentaciones, el desánimo, los suspiros, las frustraciones. “Me mostrarás el camino de la vida; me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre”, Sal 16:11.

El caminante misterioso que se une a los viajeros a Emaús enciende sus corazones con una palabra y luego lo reconocen al partir el pan. La resurrección es una fuerza que transforma la realidad. “Los dos, por su parte, contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando partió el pan”, Lc 24:35.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Jesús nos llama y espera una respuesta

Jesús pasa, mira y llama                                                            “Jesús entró en Jericó y comenzó a pasar por la ciudad. ...