martes, 31 de marzo de 2026

Practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios

Mirar, observar y meditar

“Cuando Jesús entró en Jerusalén, fue al templo y se puso a ver cómo estaba todo. Pero como ya era tarde, se fue con sus discípulos al pueblo de Betania, … Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el templo y empezó a sacar de allí a los que estaban vendiendo y comprando. Derribó las mesas de los que cambiaban dinero de otros países por dinero del templo, y también derribó los cajones de los que vendían palomas. Y Jesús no dejaba que nadie anduviera por el templo llevando cosas. Luego se puso a enseñar a la gente y le dijo: «Dios dice en la Biblia: “Mi casa será llamada ‘Casa de oración para todos los pueblos’.” Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones», Mc 11:11-25

Cuando Jesús fue al templo se dedicó a mirar e indagar sobre el ánimo de los que estaban dentro. Aquella tarde lo único que hizo Jesús fue observar. Esos silencios y miradas suyas pueden causar preocupación y cierta turbación. El silencio de Dios es más inquietante que cualquier palabra suya. Ese silencio pudo ser una señal de que todo eso era extraño. El no tiene nada que ver con lo que están tramando ahí dentro.

El problema del templo y su dirigencia era que aparentaba vida, pero escondían un tremendo vacío. Una vez más en todo tiempo es necesario la voz de los profetas para declarar que Dios no está de acuerdo con tal desorden. Dios nos concede una prórroga y espera lo mejor de cada uno de nosotros: “La casa puede estar en orden”. 

“Pero ya Dios les ha dicho qué es lo mejor que pueden hacer y lo que espera de ustedes. Es muy sencillo: Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios.”, Miqueas 6:8

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 30 de marzo de 2026

Repensemos los modelos y formas que tenemos de ser comunidad

“Queremos ver a Jesús”
“Algunos griegos que habían ido a Jerusalén para celebrar la Pascua le hicieron una visita a Felipe, que era de Betsaida de Galilea. Le dijeron: «Señor, queremos conocer a Jesús». Felipe se lo comentó a Andrés, y juntos fueron a preguntarle a Jesús.  Jesús respondió: «Ya ha llegado el momento para que el Hijo del Hombre entre en su gloria. Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas”, Jn 12:20-24 
En este relato encontramos algunos griegos o temerosos de Dios que desean ver a Jesús. Estos griegos le hacen una visita a Felipe que era de una ciudad medio pagana llamada Betsaida de Galilea. “Felipe se lo comentó a Andrés, y juntos fueron a preguntarle a Jesús. Jesús respondió: «Ya ha llegado el momento para que el Hijo del Hombre entre en su gloria.” 
La respuesta de Jesús los podría llevar a pensar que es el tiempo del maestro, del éxito, de la popularidad, de la gloria y el triunfo. Jesús seguidamente responde de una manera muy diferente a las posibles expectativas de Felipe, de Andrés y de esos griegos. No es la hora de la notoriedad, sino es la hora que el grano de trigo debe ser sembrado y morir bajo tierra. Es la hora de una dolorosa siembra, no de la recolección triunfal.
La fertilidad y reproducción pasa a través de la muerte. La hora y el tiempo de Jesús es la pasión, del paso de este mundo al Padre. En este tiempo nos podemos preguntar ¿Cuál es nuestra hora? “La gente quiere ver a Jesús” No se trata de nosotros, de nuestros sistemas y jerarquías. “La gente solamente necesita ver a Jesús”.
La paradoja es morir para vivir. Dejar atrás lo que no sirve y nacer a una nueva manera de ser para los demás.  “Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo”. Que Dios nos ayude a no quedarnos “solos” y por lo tanto a morir a una vieja manera de ser. Repensemos los modelos y formas que tenemos de ser comunidad
Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

domingo, 29 de marzo de 2026

“No temas”, ... mira que aquí viene tu rey", Jn. 12:15

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

“Luego pusieron sus mantos sobre el burro, lo llevaron a donde estaba Jesús, y Jesús se montó sobre él. Mucha gente empezó a extender sus mantos sobre el camino por donde iba a pasar Jesús. Algunos cortaban ramas de los árboles del campo, y también las ponían en el suelo como alfombra. Y toda la gente, tanto la que iba delante de Jesús como la que iba detrás, gritaba: «¡Sálvanos ¡Bendito tú, que vienes en el nombre de Dios!», Mc 11:2-11

Si de triunfo se trata, aquí estamos ante el triunfo de la humildad, de la modestia, de la mansedumbre, no del poder. Las únicas conquistas que es capaz este rey son las conseguidas con la fuerza del amor. Es un encuentro con la libertad y la fe. Es un triunfo de la discreción.

Es un príncipe, pero no un príncipe guerrero que viene a conquistar por la fuerza: es un príncipe de paz. Entusiasmada, la multitud grita y aclama, pero se tiene la impresión de que todo va dirigido a otro Mesías, no al que cabalga sobre un burro. Son expresiones correctas desde la ortodoxia, pero están viciadas, inaceptables. El problema está en las intenciones y Jesús se pudo haber sentido muy solo en medio de esa multitud.

La gente pensaba en algo totalmente distinto del sufrimiento y de la muerte. A este Jesús no le pertenecía ni siquiera el animal que montaba, no poseía poder terreno y su conducta mostraba que los pensamientos de Dios son distintos a los pensamientos y caminos de la gente.

Jesús sale a nuestro encuentro y comparte la alegría, la tristeza y el dolor de cada uno de nosotros. Nos trae esperanza y su misericordia es para siempre. No hay nada, ni nadie que lo pueda detener y nos dice: “No temas”, ... mira que aquí viene tu rey", Jn. 12:15. 

Hoy nuevamente podemos celebrar como lo hacemos en este domingo de Ramos diciendo: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!, Jn. 12:13.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

sábado, 28 de marzo de 2026

Mi existencia es un asunto de todos

El Señor lo necesita y pronto lo devolverá   

“Jesús y sus discípulos llegaron al Monte de los Olivos, cerca de los pueblos de Betfagé y Betania, y de la ciudad de Jerusalén. Allí, Jesús dijo a dos de sus discípulos: «Vayan a ese pueblo que se ve desde aquí. Tan pronto como entren, van a encontrar un burro atado, que nunca ha sido montado. Desátenlo y tráiganlo. Si alguien les pregunta por qué lo están desatando, respondan: “El Señor lo necesita y pronto lo devolverá.”, Mc 11:1-3

El sentido de la propia existencia y felicidad se encuentra cuando ponemos nuestras cualidades y recursos para servir a los demás. Dios llama al ser humano a ser libre de ambiciones desmedidas y egoístas. Nos llama a ser necesario para alguien. Pero ¿Quién me necesita? 

Los objetos no tienen necesidad de mí. Existen valores, virtudes y fines que tienen necesidad de mí. Tanto la generosidad, lealtad, humildad, bondad y justicia tienen necesidad de alguien que encarne, practique y viva esta realidad para beneficio de los demás.

Para existir tenemos necesidad de vivir determinados valores para ciertos objetivos y podemos aceptar o rechazar estar a disposición de estos. Nos enfrentamos a una elección y decisión, donde la neutralidad no es posible frente a la vida. 

Mi existencia es un asunto de todos, donde mi compromiso o rechazo tienen carácter público. No hemos sido creados para mantenernos indiferentes, somos llamados e interpelados en vivir de un modo que sea compatible con la grandeza y el misterio de la vida. “El Señor lo necesita". 

Carlos Scott 

Foto Gilbert Lennox

viernes, 27 de marzo de 2026

El pueblo de Dios es un pueblo que nació para caminar, está en marcha, viaja y comparte una mesa abierta

El camino a una mesa abierta

“Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos, diciéndoles: —Tomen; esto es mi cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la dio a ellos, y todos bebieron de ella. —Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos —les dijo—. Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta aquel día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios”, Mc 14:22-25

Cuando hacemos memoria del Señor compartimos la alegría de estar juntos. La mesa del pan y del vino es un lugar de celebración donde juntos buscamos a Dios y nos dejamos alcanzar por él.

Es una mesa que nos llama a la unidad y fraternidad en la relación unos con otros. La santa cena es una cita, memoria y anuncio, un encuentro con los suyos y a su vez constituye un adiós. "Así que, cada vez que ustedes comen de ese pan, o beben de esa copa, anuncian la muerte del Señor Jesús hasta el día en que él vuelva”, 1 Co 11:26.

El pueblo de Dios es un pueblo que nació para caminar, está en marcha, viaja y comparte una mesa abierta hasta el día en que él Señor vuelva.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox 

jueves, 26 de marzo de 2026

En Jesucristo vemos la expresión máxima de su amor

Lo da todo porque nos ama hasta el fin

"La luz de Dios llegó al mundo, pero la gente amó más la oscuridad que la luz, porque sus acciones eran malvadas. Todos los que hacen el mal odian la luz y se niegan a acercarse a ella porque temen que sus pecados queden al descubierto", Jn 3:19-20

Cuando no prestamos atención a lo que Dios nos indica, su voz de amor se hace más evidente. Ante los rechazos, la infidelidad y la negación, Dios no se retira. Dios nos sigue amando. Nuestro Dios arriesga todo y se hace presente por medio de Jesucristo.

Lo da todo porque nos ama hasta el fin. Dios no dice "basta". En Jesucristo vemos la expresión máxima de su amor y no se guarda nada. Amar y entregar resumen la acción de Dios. Nadie se atrevió a tanto. La alternativa que se nos presenta es muy sencilla: colocarnos a favor o en contra de un estilo de vida conforme al amor revelado por Jesús.

La luz descubre todo, pero nos da una nueva oportunidad: Volver a empezar. La respuesta que se espera a la iniciativa divina es la fe en Cristo. "Jesús habló una vez más al pueblo y dijo: «Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida», Jn 8:12

Carlos Scott 

Foto Gilbert Lennox

miércoles, 25 de marzo de 2026

El amor de Dios es el centro de toda la revelación

Dios nos llama a una "vida entera y eterna" 

"Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla", Jn 3:16-18.

El amor de Dios es el centro de toda la revelación. Es un amor desbordante, de gracia, fiel y universal. Dios es amor y no es un Dios de miedo. El corazón de Dios es su amor por toda la humanidad. Este amor es ofrecido a toda la gente para dar salvación, pero solamente en el creyente el plan de Dios tiene la posibilidad de realizarse.

El mundo y su gente tienen la necesidad de la salvación, porque se encuentran en una situación de riesgo. El amor de Dios a la humanidad se presenta de una manera concreta en la vida de Jesucristo. La salvación se juega en relación con la aceptación o al rechazo del amor divino manifestado en Cristo. La cruz presenta un amor derrotado y, sin embargo, victorioso por la resurrección. Jesús fue humillado, pero lleno de gloria, traicionado pero fiel. El justo dando su vida por los injustos.

Dios nos presenta una historia de amor, nos hace responsables y esta puede ser nuestra acusación cuando la rechazamos. No es tanto Dios el que juzga, sino lo son nuestras opciones. El encuentro con el Señor determina una crisis, puede ser aceptada o rechazada. Todo se decide en la esfera del ser humano, es libre para aceptar o rechazar. Dios ratifica y respeta esa elección.

"Pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios", Jn 1:12

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 24 de marzo de 2026

Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes

Una luz que me pone en pie

"Los que hacen lo correcto se acercan a la luz, para que otros puedan ver que están haciendo lo que Dios quiere", Jn 3:21
Hay gente que se cree poderosa e importante pero muy fastidiosa cuando se la confronta con los cambios necesarios que deben hacer a nivel personal y estructural. La palabra de Dios puede ser una luz fastidiosa e intolerable cuando nos señala.
Se suele culpar a los demás por todo lo que nos desagrada y justificarnos cuando el Espíritu de Dios nos confronta y nos dice: "Tú eres esa persona". La luz que el Señor me ofrece, por muy incómoda que sea, es una luz que me pone en pie. Dispuesto a caminar, con él, por otro camino. Dios nos desea profundamente.
Siempre existe un camino de Dios hacia el ser humano. Se trata de creer en Jesucristo, es decir, en el amor revelado. Todo se juega en el terreno de la fe y el amor
“Mostraré cuán santo es mi gran nombre, ... Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo ... Sin embargo, recuerden, dice el Señor Soberano, que no lo hago porque lo merezcan ..., y todos sabrán que yo soy el Señor”, Ez 36:21-38.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

lunes, 23 de marzo de 2026

Enviados

Una renovada visión del Señor

"¡Yo vi al Señor el año que murió el rey Uzías!", Isaías 6:1-8
Isaías fue un profeta del Antiguo Testamento que fue enviado a un duro trabajo: predicar y profetizar a la rebelde nación de Judá. En los capítulos iniciales de Isaías hay una denuncia directa del estado del pueblo y la sociedad de su época. El profeta está inmerso en esta realidad y no aparte de la misma. Son estos momentos donde necesitamos una renovada visión del Señor
Isaías tuvo una visión de la santidad de Dios. La descripción de la imagen de Dios en medio de su gloria es impresionante. Había poderosos serafines y "En gran coro antifonal cantaban: ―Santo, Santo, Santo es el Señor Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.", Is 6:1-3
¿Puede la santidad alejarnos de otras personas, abandonar el amor, la misericordia y descalificar a otros? ¿Cómo afecta nuestras vidas cuando nos encontramos ante la santidad de Dios? La visión lo lleva a experimentar una profunda angustia por su condición humana. La palpable santidad de Dios lo lleva a mirar su propia vida – no a su vecino, no a su iglesia - sino al mismo Isaías. Su angustia radica en que ve su propio pecado que lo lleva a buscar confesión y purificación. Antes que Isaías fuese enviado por Dios, necesitaba un encuentro con la santidad de Dios
“Santo” significa “consagrado o apartado”, pero esto no significa que debía vivir dándole la espalda a su gente. ¿Solemos colocarnos a favor de otras personas cuando enfrentan injusticias o terminamos colocándonos aparte? Mel Lawrenz comenta: “Isaías es humano y se encuentra en el mismo nivel que otros seres humanos. El profeta se coloca al lado de sus compatriotas y nunca en una posición de superioridad. Asume el problema del pueblo como algo propio, no se excusa y no se lava las manos”
¿Solemos examinarnos a nosotros mismos antes de mirar a otros? Isaías entiende el estado de su alma a la luz de la santidad de Dios, experimenta el perdón de Dios y reconoce que no debe vivir ajeno a lo que le pasa al otro. Isaías está listo para ser enviado
¿Nos consideramos responsables de los problemas que vive la sociedad, la iglesia y asumimos nuestra culpa?
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

domingo, 22 de marzo de 2026

Su perfecto amor nos ayuda a echar fuera el temor

El amor de Dios es perfecto, cierto y completo

"Puedo terminar este libro diciendo que ya todo está dicho. Todo lo que debemos hacer es alabar a Dios y obedecerlo. Un día Dios nos llamará a cuentas por todo lo que hayamos hecho, tanto lo bueno como lo malo, aunque creamos que nadie nos vio hacerlo.", Ec 12:13-14

En todo el mundo nos estamos despertando con una nueva realidad. Hay incertidumbre y ansiedad. La soberbia ha perdido vigencia, nos damos cuenta de nuestra debilidad y el poco control que realmente tenemos. La fragilidad de la vida nos ayuda a levantar nuestra mirada. Lo importante son las decisiones que tomamos en cuanto a cómo vivir ahora, lo que importa y lo que no.

Buscamos un tiempo de serenidad y tranquilidad. El amor de Dios es perfecto, cierto y completo y su perfecto amor nos ayuda a echar fuera el temor. En las manos de Dios podemos descansar porque en su amor podemos vivir y confiar.

"Enséñame a vivir de tal manera que el mañana no tenga que reprocharme el ayer"

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

sábado, 21 de marzo de 2026

Un discípulo de Jesús es libre, busca espacios más abiertos y no soporta una tienda angosta

Seguir como Discípulo

"Jesús se volvió y al ver que lo seguían, les preguntó: —¿Qué buscan?” …  "-Vengan y vean—les dijo”, y “se quedaron con El”, … Jn 1:38-39

Un discípulo es alguien que acepta las condiciones de Jesús, profundiza su compromiso, crece en la calidad de la relación con él y su prójimo

Un discípulo es alguien que permanece en las enseñanzas de Jesús, se une a su misión y experimenta poder

Un discípulo es alguien que camina por donde va Jesús, sigue su recorrido, confía y alcanza territorios inexplorados

Un discípulo es una persona que vive la sorpresa en las manos de Dios, un itinerario imprevisible, una aventura, cosas inesperadas, novedades y riesgos que construyen a un creyente en Jesús

Un discípulo de Jesucristo es una persona que se dirige hacia nuevos horizontes y maravillas, cosas por ver y pasos por dar.

Un discípulo de Jesús es una persona que trabaja a favor de la justicia, la misericordia y la paz

Un discípulo de Jesús es libre, busca espacios más abiertos y no soporta una tienda angosta

Un discípulo de Jesús es una persona que sigue para poder ver, cree y sigue creyendo

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

Practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios

Mirar, observar y meditar “Cuando Jesús entró en Jerusalén, fue al templo y se puso a ver cómo estaba todo. Pero como ya era tarde, se fue c...