domingo, 8 de marzo de 2026

Los creyentes oraban, cantaban, disfrutaban de la comunión y adoraban juntos

Alegría, generosidad y estructuras emergentes

“Se reunían en casas para la Cena del Señor y compartían sus comidas con gran gozo y generosidad”, Hch 2:46
Cuando los seguidores de Jesucristo fueron excluidos del culto judío y se convertía gente no judía la iglesia se transformó en una red en casas de familia, Hch 2:46,5:42. 
Los creyentes oraban, cantaban, disfrutaban de la comunión y adoraban juntos, Ef 5:19, Col 3:16, 1 Co 14:26-31. Se ocupaban de las necesidades materiales los unos con los otros, Hch 4:34, 1 Co 16:1-3. Había enseñanza, edificación y la comunidad compartió el evangelio, Hch 8:4, Hch 11:19-21. El poder del amor en palabra y obra impactaba a la gente del lugar y cada día el Señor añadía los que iban siendo salvos, Hch 2:47. 
¿Qué tipo de estructura sostenía a esta comunidad? Es difícil descubrir una organización formal. Lo que podemos visualizar en esta iglesia joven son estructuras emergentes intentando cubrir necesidades o problemas puntuales, Hch 2, 4-6, 12,13,15 y 20. No hay una enseñanza formal o prescripciones sobre algún tipo de estructura. Lo que está ausente es un clero profesional y aunque "muchos sacerdotes obedecían a la fe" (Hch 6:7), no hay evidencia que automáticamente se transformarán en líderes de la comunidad. 
Lo que encontramos en el libro de los Hechos son diferentes estructuras para diferentes circunstancias. Tampoco se ve el deseo de formar un determinado modelo estructural y que sea igual a todos. Las reuniones caseras parecen haber sido el modelo más habitual. 
Encontramos un liderazgo, la comunión en grupos pequeños y grandes, redes de comunidades locales en diferentes lugares y el sacerdocio de los creyentes basado en los dones. La red de iglesias no formaba una determinada denominación, pero implicaba la interdependencia. Las comunidades se necesitaban mutuamente unas a otras. Ser iglesia no dependía de los edificios, construcciones, jerarquías. Ser iglesia era ser el pueblo de Dios, la comunidad del Reino de Dios bendiciendo a todas las naciones.
Carlos Scott 

Foto Gilbert Lennox 


La cena del Señor fue el centro del culto, se reunían en casas y compartían sus comidas con gran alegría y generosidad

Principios

“Todos los creyentes se dedicaban a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión fraternal, a participar juntos en las comidas (entre ellas la Cena del Señor), y a la oración”, Hch 2:41-47.
La iglesia vive en un mundo siempre cambiante y constantemente debemos pensar que significa ser iglesia para los demás. Toda la vida de los seguidores de Jesucristo es una perseverancia y la comunión que gozamos va más allá del compañerismo. 
Koinonia es la palabra neotestamentaria traducida como 'comunión', 'compartir', 'contribución', 'común'. Es sociedad, cooperación, solidaridad, compartir sentimientos, necesidades y que la fe tenga una salida práctica. La Comunión o Koinonia es estar de acuerdo con el otro, estar unidos en el propósito, y servir al lado del otro. 
El amor se manifiesta de una forma concreta: "Los seguidores de Jesús compartían unos con otros lo que tenían". El principio era que no haya ningún necesitado entre nosotros, Dt 15:4,10-11. Somos llamados como comunidad misionera a ser un reflejo, aunque quizás imperfecto, del orden que anunciamos.
La cena del Señor fue el centro del culto, se reunían en casas y compartían sus comidas con gran alegría y generosidad. La fe cristiana es fe comunitaria. Esto constituía una celebración de la vida, muerte, resurrección y el futuro regreso del Señor Jesucristo.
La comunidad alababa a Dios, oraba y todos en la ciudad los querían. La iglesia le atribuía todo lo que era y lo que tenía a Dios. "Cada día el Señor hacía que muchos creyeran en él y se salvaran. De ese modo, el grupo de sus seguidores se iba haciendo cada vez más grande".
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

viernes, 6 de marzo de 2026

Jesús nos confronta a revisar nuestra vida

Procesos

"Cuando los fariseos se enteraron de lo que las multitudes andaban murmurando, ellos y los principales sacerdotes enviaron guardias del templo para arrestar a Jesús ... Entonces tomó la palabra Nicodemo, el líder que había ido a ver a Jesús: —¿Es legal condenar a un hombre antes de darle la oportunidad de defenderse? —preguntó.", Jn 7:32-51
La historia de Nicodemo con Jesús es un acontecimiento que nos confronta y nos invita a iniciar un proceso. 
Nicodemo podría representar “a los cristianos de trasfondo judío quienes en el tiempo de Juan querían mantener secreta su fe y no entrar en problemas con los demás. La referencia “quien no nazca de agua" en Jn 3:5 podría tener un significado con el bautismo cristiano: es un llamado a los contemporáneos de Juan a declararse públicamente por la causa de Jesús, arriesgando su expulsión de la sinagoga”. 
Nicodemo empezó a salir de la oscuridad y apareció arriesgándose a favor de Jesús. Los dirigentes querían arrestar a Jesús y Nicodemo aparece en su defensa abriendo una grieta en la estructura del poder. Los que tenían que ser pastores de Israel y buscar el bien de la gente hacían lo opuesto. Su posición era para jactarse, distinguirse y maldecir a la gente. Ellos buscaban su propia gloria. “Vivir la fe como medio de promoción propia es lo opuesto a vivirla como servicio de amor a los demás”. 
Jesús nos confronta a revisar nuestra vida. Nicodemo se transformó en discípulo. Lo encontramos finalmente junto a José de Arimatea. Ellos tomaron el cuerpo de Jesús para darle sepultura, Jn 19:38-42. Esto requería valor y fue parte de un proceso que lo transformó en seguidor de Jesús. 
Juan, seguramente narra estos acontecimientos con la esperanza y propósito de provocar una transformación en los cristianos secretos de su tiempo. No podemos domesticar el Reino de Dios a nuestra forma de pensar y ser. Su Reino viene para todos y somos llamados a ser testigos. 
Jesús pretende dirigir el Reino Universal por lo tanto Jesús nos confronta. Su Reino es una invitación abierta para aceptar sus prioridades y el poder del Espíritu Santo nos debe llevar de todas partes a todos lados
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

jueves, 5 de marzo de 2026

Dios nos invita a creer y conversar con Él

Superación

“Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios", Jn 3:2-3
El evangelio de Juan nos habla de una posibilidad de superación que su origen está en Dios. Nacer del Espíritu es lo contrario a la "carne". La palabra carne, usada en el sentido teológico y ético, hace referencia al esfuerzo personal independiente de Dios. Se refiere a lo que puede hacer el ser humano sin la ayuda, guía y poder divino. El ser humano marcado por su debilidad, precariedad e insuficiencia se le presenta la posibilidad de abrirse al Espíritu de Dios.
La superación es posible sólo a través de una intervención de Dios. Juan pone en evidencia la gracia de Dios y su iniciativa en la persona de Jesucristo. Por lo tanto, la condición para ver el Reino y entrar en él es nacer de lo alto, del agua y del Espíritu. ¿Cómo es posible?, ¿Cómo puede ser esto? Podemos elegir creer y necesitamos la fe.
Nos puede pasar que algunas veces no tratamos las cuestiones principales, pero Jesús nos lleva al corazón del problema. Se trata de "nacer de nuevo, de lo alto", romper con el pasado y comenzar desde el principio. Es necesario un nuevo inicio que cancele todo lo anterior. Si nos encerramos en nuestro pasado cualquiera que sea, le negamos a Dios la posibilidad de intervenir en nuestra vida.
Jesús nos ofrece la posibilidad de ser nuevo y comenzar siempre de nuevo. Cuando Jesús se encuentra con nuestras historias pasadas, nos desafía a dejar lo viejo y nacer a una nueva vida. Somos invitados a "entrar adentro y tener comunión con el Señor". Dios nos invita a creer y conversar con Él.
"Así que la fe viene por oír, es decir, por oír la Buena Noticia acerca de Cristo.", Ro 10:17
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

miércoles, 4 de marzo de 2026

Creer y decidirse

 Escuchar, creer y adorar

"Había un hombre llamado Nicodemo, un líder religioso judío, de los fariseos. Una noche, fue a hablar con Jesús: —Rabí —le dijo—, todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Las señales milagrosas que haces son la prueba de que Dios está contigo. Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios", Jn 3:1-3
Nicodemo es un respetable judío que tiene una conversación nocturna con Jesús, Su miedo es el comprometerse, pero pasa de la noche a la luz.
Él es anciano, sin embargo, Jesús le advierte de que todavía tiene que nacer. Se le ofrece la oportunidad de comenzar desde el principio. Sus cabellos blancos no son un obstáculo, ¡Debe prepararse para nacer!
Nicodemo comienza la conversación con la palabra "sabemos". El forma parte del grupo de aquellos que "saben", pero luego del contacto con Jesús se da cuenta que no sabía nada. Le queda todo por aprender. Quizás él pretendía discutir de teología, pero Jesús los lleva al corazón del problema. "Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios."
Hay un momento delante de Dios que lo único que nos queda es escuchar, creer y adorar. Este es un momento donde Nicodemo es desafiado a escuchar y abrirse a la revelación. Es siempre así y no se trata de discutir, sino de creer y decidirse
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

martes, 3 de marzo de 2026

Celebrar la vida, hacer fiesta y descansar es un regalo

Una enseñanza liberadora                                                            

“Un sábado, al cruzar Jesús los sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar a su paso unas espigas de trigo. —Mira —le preguntaron los fariseos—, ¿por qué hacen ellos lo que está prohibido hacer en sábado? Él les contestó: —¿Nunca han leído lo que hizo David en aquella ocasión, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre y pasaron necesidad? Entró en la casa de Dios cuando Abiatar era el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados a Dios, que solo a los sacerdotes les es permitido comer. Y dio también a sus compañeros.» El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado —añadió—. Así que el Hijo del hombre es Señor incluso del sábado», Mc 2:23-28

Los discípulos son acusados de arrancar espigas de trigo en el día de descanso. El día de descanso era como una especie de premio, pero algunos lo transformaron como si fuese un castigo. Dios estableció el descanso para beneficio del ser humano, pero parece que los religiosos de esa época no lo entendieron. Los religiosos según su criterio contabilizaron 365 prohibiciones y 278 mandamientos para el día de descanso.

Hay gente que se caracteriza por estar con un código en la mano. Aparecen en cualquier momento para señalar lo que está mal, especialmente cuando alguien quebranta el reglamento. El legalismo oscurece el plan de Dios y la vida queda reducida en lo que puedes hacer o no. No es espiritual un comportamiento que aplasta, mortifica, sofoca y limita la libertad. Lo que viene de Dios lleva la contraseña de la frescura, se orienta en favor de la vida, de su crecimiento

El día de descanso nos ayuda a tomar una decisión y es decir basta. El verdadero poder consiste en imponer un límite. El ser humano no puede perderse a sí mismo y quedar prisionero de un ciclo de producción, de rendimiento y acumulación

La palabra de Dios da una dirección para la vida humana y la enseñanza de Jesús es liberadora. "Yo, el Hijo del hombre, soy quien decide qué puede hacerse y qué no puede hacerse en el día de descanso.", Mc 2:28. Dios está de parte del ser humano y el descanso es el espacio de libertad, de vida, amor, de fantasía. Dios nos ofrece la libertad necesaria para ampliar los espacios y sus movimientos. Cuando la palabra es bien entendida nos trae alegría.

Celebrar la vida, hacer fiesta y descansar es un regalo. El descanso y su celebración es el tiempo del encuentro. Es la provisión de Dios para el desarrollo humano. “Tienen que entender que el día de descanso es un regalo del Señor para ustedes”, Ex 16:29. Es dejar paso a las relaciones con Dios, consigo mismo y con los demás.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 2 de marzo de 2026

Somos desafiados a mostrar las señales y evidencias de un nuevo amanecer

Un nuevo orden

»Dios levantó a Jesús de los muertos y de esto todos nosotros somos testigos. Ahora él ha sido exaltado al lugar de más alto honor en el cielo, a la derecha de Dios. Y el Padre, según lo había prometido, le dio el Espíritu Santo para que lo derramara sobre nosotros, tal como ustedes lo ven y lo oyen hoy… Las palabras de Pedro traspasaron el corazón de ellos, quienes le dijeron a él y a los demás apóstoles: —Hermanos, ¿qué debemos hacer?  Pedro contestó: —Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo. Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para los que están lejos, es decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios», Hch 2:32-39 
El Espíritu Santo es la novedad y superioridad de un nuevo orden. La fe cristiana es una fe pública y no se debe convertir a la esfera de la vida privada a causa del individualismo que inutiliza el poder transformador del evangelio.
El Reino de Dios es la autoridad y el poder de Dios en acción para destruir todo mal. En el nuevo orden esta Dios y en consecuencia nos encontramos con la ley del amor, que lleva a la verdadera justicia y equidad. 
El orden existente se opone de muchos modos al orden del reino cuando se oprime a los pobres y se aprovechan de los débiles. La naturaleza inclusiva y niveladora sobre el derramamiento del Espíritu Santo indica que Dios valora a los despreciados del mundo y a toda persona convirtiéndoles en sujetos de su amor y les da el poder para que sean testigos. El Espíritu libera de todas las opresiones, atiende todas las necesidades humanas y dignifica a todos aquellos que la sociedad tiene como cosas desechables.
Una vez más se nos llama a unirnos a la misión de Dios, participar en la vida pública integrando sus consecuencias sociales y políticas, ser una comunidad o sociedad alternativa y colocar todas las cosas bajo el poder de Cristo, Ef 1:9-10.
Somos desafiados a mostrar las señales y evidencias de un nuevo amanecer. 
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

domingo, 1 de marzo de 2026

El Espíritu es poder nivelador y descendió sobre todos

Manifestación milagrosa

"Dios ha cumplido lo que nos prometió, cuando por medio del profeta Joel dijo: “En los últimos tiempos les daré a todos de mi Espíritu: hombres y mujeres hablarán de parte mía; a los jóvenes les hablaré en visiones y a los ancianos, en sueños", Hch 2:16-17.
En el día de Pentecostés los creyentes estaban reunidos en un mismo lugar. Los apóstoles estaban unidos en oración junto con María la madre de Jesús, varias mujeres más, los hermanos de Jesús y otros que podrían ser unos ciento veinte creyentes, Hch 1:14-15. Se les había ordenado esperar y no alejarse de Jerusalén porque dentro de pocos días serían bautizados con el Espíritu Santo y eso fue lo que sucedió.
El Espíritu es poder nivelador y descendió sobre todos. Se destaca así que se trató de una experiencia inclusiva que alcanzó a todos y que incluía a las mujeres galileas que seguían a Jesús. Fue una experiencia niveladora en una sociedad excluyente que concebía a las mujeres como menos importantes que los varones.
El Espíritu nivelador es destructor de cualquier privilegio. El derramamiento del Espíritu Santo es comunicar el mensaje, es una visitación divina y somos desafiados a ser testigos. Su voluntad es extendernos a toda la humanidad porque es un Espíritu nivelador que piensa en todas las etnias. Es multiétnico, multilingüe y multicultural. Mientras permanezcamos acá, el Señor nos llama a involucrarnos en la misión.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

sábado, 28 de febrero de 2026

Construimos con audacia y valentía

La espiritualidad de una visión

La misión y visión de Nehemías tenía que ver con reedificar los muros de Jerusalén, Neh 2.  Cuando llegó a la ciudad de Jerusalén fue prudente, hizo un relevamiento y buscó el tiempo adecuado para compartir la visión. Cuando llegó el momento sus primeras palabras fueron de ánimo y desafío. 

Nehemías sabía lo que significaba “ser audaz y valiente”. Él estuvo en el proceso de restaurar la esperanza de un grupo entero de personas. Nunca es fácil volver a empezar – se necesita valentía, firmeza y el compromiso de asumir riesgos. 

Reedificar las murallas de la ciudad de Jerusalén requería un equipo que entendiera la realidad y que estuviera comprometido para hacer lo que se tenía que hacer – independientemente de lo que sucediera. Solamente después que Nehemías les dijo a las personas “cómo la bondadosa mano de Dios había estado con él" la respuesta del grupo fue: “¡Manos a la obra!” y unieron la acción a la palabra", Neh 2:18 

Ser audaz y valiente significa emprender acciones poco comunes sin temer a las dificultades o al riesgo que implican. Este tipo de audacia nos muestra la fuerza, resistencia y perseverancia que necesitamos. Tan pronto como Nehemías y su gente se comprometieron a “levantarse y construir” empezaron los ataques de la oposición – “Pero ¿qué es lo que están haciendo?” Y la respuesta de Nehemías no es más que la certeza de una profunda fe en Dios: “El Dios del cielo nos concederá salir adelante. Nosotros sus siervos vamos a comenzar la reconstrucción”, Neh 2:20

La experiencia de Nehemías nos recuerda que los desafíos para construir son cuando necesitamos a otros valientes, quienes puedan “esforzar sus manos.” Que puedan caminar con nosotros y juntos “construir y levantar.” Eso nos debe traer esperanza: reedificamos con audacia y valentía.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


viernes, 27 de febrero de 2026

Construir, reedificar, renovar y restaurar trae esperanza.

Construir, restaurar y renovar

"Me dijeron: «Las cosas no andan bien. Los que regresaron a la provincia de Judá tienen grandes dificultades y viven en desgracia. La muralla de Jerusalén fue derribada, y las puertas fueron consumidas por el fuego», Neh 1:3
Construir, reedificar, renovar y restaurar trae esperanza. En el 445 A.C. después de los 70 años de cautiverio en Babilonia, los judíos empezaron a regresar a Judá, regresaron a Jerusalén para ser más específicos
Nehemías fue un judío trabajando en un cargo público en la ciudad persa de Susa. En ese tiempo recibe noticias que las murallas de su ciudad natal están derrumbadas y que la ciudad de sus padres corría peligro. Esta realidad tocó su alma y se puso triste. Él lloró, y él oró
Nehemías sintió el llamado de tomar acción y reedificar las murallas de la ciudad. Esto lo llevó a ver cómo podía ganarse el favor del Rey. Cuando estuvo en su presencia, a pesar del temor se encomendó al Dios del cielo y consiguió el permiso para volver a su ciudad con los materiales que necesitaba para la obra
Nehemías reconoció la mano de Dios en su vida. “Y el rey accedió a mi petición, porque Dios estaba actuando a mi favor”, Neh 2:8
Reedificar nunca es fácil. Se requiere de trabajo duro, implica que puede haber cambios y voces a nuestro alrededor que pueden ayudar o pueden dificultar el proceso. Algunas veces para volver a construir es necesario arrancar, derribar, destruir y demoler, Jer. 1:10
Cuando Dios decide reedificar y restaurar trata de que busquemos su modelo y desechemos otras construcciones, Hch 15:16-18
Reedificar y restaurar trae esperanza. Así como Nehemías encontró las murallas caídas de la ciudad de Jerusalén, alrededor nuestro hay necesidad de reedificar y construir
Pensemos en el estado actual de la nación, la iglesia, la comunidad, los matrimonios, familias, amistades, escuelas, niños, vecindarios, jóvenes, oportunidades de empleo y mucho más. Dios llama a su gente para reedificar y renovar
Todo esto implica que cuando estamos tristes, podemos llorar y orar, pero el final nos debe llevar a una acción. Podemos tener la seguridad que Dios trabaja a favor de todos los que le aman
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

jueves, 26 de febrero de 2026

Volvamos nuestra mirada al Dios creador. "EL amor inagotable y la verdad se encontraron; ¡la justicia y la paz se besaron!"

Humanos

“Cuando Dios creó al ser humano, lo hizo a semejanza de Dios mismo… El día que fueron creados los llamó “Seres humanos”, Gn 5:1-2
Hay cuatro características que nos ayudan a pensar y tomar buenas decisiones. Son principios para tener presente en nuestra vida y carácter: La verdad, la justicia, la misericordia y la paz, Sal 85:10. Son fundamentos para que estén activos en toda comunidad y sociedad. Un encuentro entre la verdad y la justicia es un excelente comienzo.
Vivimos tiempos donde se está perdiendo el valor a la vida, el respeto y la dignidad. “La proclamación de que todos somos creados iguales, a la imagen de Dios, desafía categóricamente todo intento de discriminación, desprecio e indiferencia”.
En nuestros países se habla de democracia, la importancia en la distribución de la riqueza, el derecho y servicio a los pobres, la libertad, el bienestar, la justicia. Es un buen discurso, pero surge una pregunta: ¿Cómo es nuestra realidad? ¿Se defiende el derecho de unos y se viola el derecho de otros? ¿Qué pasa con los que tienen limitación o poco acceso a la salud, vivienda, educación y trabajo?, Pr 31:8-9.
La verdadera justicia produce una paz duradera y la verdad se encuentra con la misericordia. Sin amor somos como un metal que resuena y nada más. En medio de los desacuerdos, divisiones, conflictos y luchas de nuestra sociedad el texto nos llama a que veamos la imagen de Dios en nuestro prójimo y tomemos la perspectiva de Dios: “No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”, Lv 19:18. Volvamos nuestra mirada al Dios creador. "EL amor inagotable y la verdad se encontraron; ¡la justicia y la paz se besaron!"
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

Los creyentes oraban, cantaban, disfrutaban de la comunión y adoraban juntos

Alegría, generosidad y estructuras emergentes “Se reunían en casas para la Cena del Señor y compartían sus comidas con gran gozo y generosid...