Una obediencia renovada.
En Antioquía de Pisidia "La palabra del Señor se
difundía por toda la región. Pero los judíos incitaron a mujeres muy
distinguidas y fieles al judaísmo, también a los hombres más prominentes de la
ciudad y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé. Por tanto, los
expulsaron de la región. Ellos, por su parte, se sacudieron el polvo de
los pies en señal de protesta contra la ciudad y se fueron a Iconio. Y los
discípulos quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo", Hch 13:49-52
Cuando los dirigentes judíos vieron a toda una multitud
reunida en la ciudad para oír a Pablo y Bernabé se llenaron de celos y envidia.
Lo que ahora había sido propiedad solo de ellos pasa a ser de toda una multitud
y lo que se teme es perder el control de la sinagoga.
“Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valentía … Pues el
Señor nos dio este mandato cuando dijo: “Yo te he hecho luz para los gentiles,
a fin de llevar salvación a los rincones más lejanos de la tierra”. “Pues no me
avergüenzo de la Buena Noticia acerca de Cristo, porque es poder de Dios en
acción para salvar a todos los que creen, a los judíos primero y también a los
gentiles”, Ro 1:16.
El poder del evangelio no es otro que el poder que viene del
Espíritu Santo. Es un poder que rompe todos los moldes porque las puertas deben
estar abiertas para los demás. Lo que está en juego no son nuestros
nombres, tradiciones, jerarquía o “etiquetas denominacionales”. Tampoco se
trata de que se una a la comunidad gente como nosotros. Lo único y
significativo es el nombre del Señor para que todas las personas reciban su
bendición, el mal sea derrotado y el nombre de Dios sea reconocido y adorado.
El resultado de lo acontecido fue que echaron a Pablo y
Bernabé de la ciudad, pero la palabra del Señor se extendió en toda esa región.
Finalmente, los que quedaron fuera no son a los que echaron, sino los que
promovieron la expulsión. Dios nos llama a una obediencia siempre renovada.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox










