jueves, 24 de septiembre de 2026

Dios nos llama a disfrutar de su presencia

Su gracia nos alcanza

“Invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego.  Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor».  Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será participar de un banquete en el reino de Dios!», Lc 14:13-15

Jesús incluía a quienes otros excluían y su mesa era un ambiente de consuelo y restauración. En el Reino de Dios hay una invitación a todos, Lc 5:29-32; 19:1-10. Sus encuentros implicaban la construcción de puentes de reconciliación. La mesa de Dios es amplia y generosa. David Cárdenas nos habla de llevar la invitación del Reino a quienes han sido olvidados en todo el mundo, aquí y allá.

La mesa del Señor esta abierta a la espontaneidad, a la expresión natural y fácil del pensamiento, los sentimientos, las emociones. “Cuando cierta mujer de mala vida que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume.  Llorando, se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume”, Lc 7:37-38-

Es una mesa donde encontramos perdón. “Entonces Jesús le dijo a la mujer: «Tus pecados son perdonados».  Los hombres que estaban sentados a la mesa se decían entre sí: «¿Quién es este hombre que anda perdonando pecados?». Y Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; ve en paz», Lc 7:48-50. Jesús nos muestra que su mesa es un espacio donde la historia de vida puede ser contada y el corazón es libre del pecado. Allí nacen la transformación y la restitución.

Dios nos llama a disfrutar de su presencia. Es encuentro, revelación, alegría, enciende el corazón, hay misión y su sacrificio debe ser recordado. Su mesa nos alimenta, nos revela a Cristo y nos muestra el camino de la misión.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Mesa

Mesa, comunidad y pertenencia: tres palabras para pensar cómo construimos nuestros vínculos y qué significa vivir la fe junto a otros.

La mesa es mucho más que un lugar para compartir alimentos. En la tradición bíblica también es espacio de encuentro, conversación y hospitalidad. Allí las diferencias pueden sentarse juntas y cada persona tiene algo que aportar.
La comunidad nace de esos vínculos y se fortalece cuando aprendemos a sostenernos mutuamente, compartir nuestras cargas y celebrar las alegrías de otros. La pertenencia, por su parte, se experimenta cuando sabemos que tenemos un lugar, que nuestra voz cuenta y que podemos participar sin renunciar a quienes somos.
Jesús compartió la mesa con personas de distintas procedencias y condiciones. Sus encuentros alrededor del alimento nos siguen invitando a revisar cómo entendemos la comunidad cristiana, a quiénes recibimos y cuánto espacio estamos dispuestos a hacer.
¿Qué hace que una comunidad sea un lugar al que realmente quieras volver?
Guarda estas definiciones y compártelas con alguien con quien hayas experimentado el valor de una mesa compartida.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

La mesa del Señor nos indica que somos un solo cuerpo

Banquete

“Entonces Jesús les dijo a los discípulos que sentaran a la gente en grupos sobre la hierba verde. Así que se sentaron en grupos de cincuenta y de cien. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. También dividió los pescados para que cada persona tuviera su porción. Todos comieron cuanto quisieron, y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró de pan y pescado. Un total de cinco mil hombres y sus familias se alimentaron”, Mc 6:39-44

La mesa del Señor es un lugar de encuentro donde Dios invita al ser humano a vivir en relación con Dios y los demás. Es un espacio de encuentro comunitario, de significado espiritual y misional. Alrededor de la mesa se construyen relaciones, se celebra la presencia del Señor y se extiende la invitación a formar parte del Reino de Dios. Hay un llamado a discernir juntos la palabra de Dios con humildad y participar en su misión con esperanza.

Hacer memoria en la mesa del Señor nos habla de un Dios que se entrega, que pone su vida al alcance de otros. Es un lugar donde Dios se da a conocer, hay revelación y nos alcanza con sus promesas

Nuestras mesas deben ser espacios de memoria que nos recuerda que Dios libera y redime a su pueblo, Ex 12:1-28. Dios también nos prepara una mesa en medio de la dificultad, Ex 16, 17:1-7, Nm 20:1-13, 1 Co 10:4, Sal 23:5. La provisión viene de la fidelidad de Dios y no de la autosuficiencia humana. Cuando la incertidumbre y los peligros nos amenazan, Dios nos protege y nos invita a su mesa. David Cárdenas expresa: “Debemos recordar de dónde venimos y que promesas nos sostienen”.

La mesa del Señor nos indica que somos un solo cuerpo y nos debemos unos a otros, 1 Co 10:16-17, Ro 12:5-6. Jesús es nuestro pan, nos une y es nuestro pastor. Hay espacio para descansar, renovar fuerzas, afirmar nuestra identidad y sentirnos seguros con su cuidado, Sal 23

“Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será participar de un banquete en el reino de Dios!», Lc 14:15

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 22 de septiembre de 2026

“En la mesa se revelan el rostro de Dios, el estilo de Jesús y el sueño del Reino”

El Espíritu de una mesa de cooperación

“Al sentarse a comer, tomó el pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos. De pronto, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y, en ese instante, Jesús desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?», Lc 24:30-32

El Señor nos llama a vivir la unidad sin caer en la uniformidad, la distinción sin caer en el individualismo o personalismo, la diferencia sin caer en la división. Un solo cuerpo celebrando la unidad en la diversidad. Valdir Steuernagel y Harold Segura nos comparten que “Jesús no exigía uniformidad para sentarse a la mesa. Lo que pedía era disponibilidad para el encuentro y apertura para la gracia.”

Todo se trata de una sola mesa para compartir el mismo pan y el mismo Señor. El pan es el símbolo de reconciliación. Cuando lo partimos juntos haciendo memoria del Señor es cuando se nos abren los ojos y puede arder nuestro corazón, Lc 24:13-34. Compartir el pan es hacerse uno con el otro, hay afinidad, proximidad, empatía, apego. Es una mesa que nos iguala a todos.

“La espiritualidad de la mesa compartida nos recuerda que no se trata de llegar a un consenso total antes de unirnos en misión, sino de dejar que el gesto de compartir el pan abra caminos de confianza mutua, de escucha y de colaboración.” Es abrirnos a la posibilidad de aprender de las otras personas, de escuchar sus historias y de discernir en amistad cuál es la voluntad del Señor. “La mesa, entonces, deja de ser solo lugar de intimidad eclesial y se convierte en espacio de articulación misionera”

El Señor nos desafía a que volvamos a mirar su mesa. Una mesa amplia, de inclusión, comunión y envío. “En la mesa se revelan el rostro de Dios, el estilo de Jesús y el sueño del Reino.”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 21 de septiembre de 2026

Iglesia en casa saludable - Compañeros de movimiento

En este episodio conversamos con Josh Benadum, fundador de Acacia House Churches sobre 5 características de una iglesia en casa saludable.

Esta conversación fue grabada durante el encuentro mensual de líderes de las comunidades vivas de la Red de Viva Churches a nivel Internacional.
📌 Más de Acacia House Churches: https://acaciahc.com/​
📌 Más de Viva Churches: https://vivachurches.org/

domingo, 20 de septiembre de 2026

Jesús tiene un corazón para toda la gente

Misericordia quiero y no sacrificios

“Por ese tiempo, Jesús caminaba en el día de descanso por unos terrenos sembrados. Sus discípulos tenían hambre, entonces comenzaron a arrancar unas espigas de grano y a comérselas. Algunos fariseos los vieron y protestaron: —Mira, tus discípulos violan la ley al cosechar granos en el día de descanso. Jesús les dijo: —¿No han leído en las Escrituras lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios, y él y sus compañeros violaron la ley al comer los panes sagrados, que solo a los sacerdotes se les permitía comer ... Les digo, ¡aquí hay uno que es superior al templo! Ustedes no habrían condenado a mis discípulos—quienes son inocentes—si conocieran el significado de la Escritura que dice: “Quiero que tengan compasión, no que ofrezcan sacrificios”. Pues el Hijo del Hombre es Señor, ¡incluso del día de descanso!”, Mt 12:1-8

En la cultura del pueblo judío existían leyes y tradiciones religiosas sobre la pureza y santidad que impactaban en todas las dimensiones de la vida cotidiana, social y cultural. De los diez mandamientos (Ex 20:1-17, 34:10-28, Dt 5:6-21) se llegó a 613 mandamientos de la ley que se debían observar para ser justo, santo y puro. 365 mandamientos indican abstenerse de alguna acción y los otros 248 preceptos orientaban positivamente a realizar una práctica. La espiritualidad era la observancia legal para tener acceso a Dios

En Jesucristo encontramos a la persona que es superior a cualquier templo e institución. Su camino es el de la misericordia y compasión. Jesús nos convoca a otro tipo de experiencia basado en su gracia y no en el mérito

Jesús tiene un corazón para toda la gente y su autoridad se basa en la compasión. Este es el Dios en el que creemos que extiende sus brazos con misericordia. Su deseo es bendecir. Es el pastor que apacienta el rebaño, lleva en brazos a los corderos y conduce con delicadeza a las recién paridas, Is 40:11

Jesús nos enseña como amar y nos hace participar de la alegría de servir a nuestro prójimo. “Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. Sean compasivos como vuestro Padre es compasivo”, Lc 6:36

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

viernes, 18 de septiembre de 2026

Otras mesas ...

 Lo inesperado

“Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado. Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones», Mc 11:15-18.

Hay mesas que contradicen los valores del Reino de Dios y simbolizan un juicio. El templo de Jerusalén se había corrompido y se transformó en un mecanismo de opresión para la gente. Los mercaderes y cambistas se habían ubicado en el patio de los gentiles que era el lugar reservado para otras naciones que venían adorar a Dios. Jesús les vuelca las mesas y los puestos. El hecho es que Jesús purifica el patio de los gentiles.

La acción de Jesús tuvo un carácter profético y social, promoviendo la dignidad, la justicia y la inclusión. El Señor valida la igualdad basada en el amor y la solidaridad. No sabemos cómo pudo imponer su voluntad en esa realidad histórica. Su intervención se vio como algo imperdonable. Una subversión de gran escala. Jesús justifica su intervención mediante la enseñanza de Isaías 56:7 ¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”?

Jesús hace referencia a un reino inclusivo que Dios quiere instaurar. Su preocupación tiene que ver con todas las naciones, para todos los pueblos, a favor de todas las etnias. Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende. Jesús mostro su indignación por la falta de integridad y nos muestra un camino a seguir.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


jueves, 17 de septiembre de 2026

Jesús nos llama y espera una respuesta

Jesús pasa, mira y llama                                                           

“Jesús entró en Jericó y comenzó a pasar por la ciudad. Había allí un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuestos de la región y se había hecho muy rico.  Zaqueo trató de mirar a Jesús pero era de poca estatura y no podía ver por encima de la multitud. Así que se adelantó corriendo y se subió a una higuera sicómoro que estaba junto al camino, porque Jesús iba a pasar por allí. Cuando Jesús pasó, miró a Zaqueo y lo llamó por su nombre: «¡Zaqueo!—le dijo—. ¡Baja enseguida! Debo hospedarme hoy en tu casa».  Zaqueo bajó rápidamente y, lleno de entusiasmo y alegría, llevó a Jesús a su casa; pero la gente estaba disgustada, y murmuraba: «Fue a hospedarse en la casa de un pecador de mala fama» ... Jesús respondió: —La salvación ha venido hoy a esta casa ...", Lc 19:1-10

Jesús nos llama y espera una respuesta. Zaqueo “lleno de entusiasmo y alegría, llevó a Jesús a su casa”.

La casa de Zaqueo fue la manifestación de la comunión, enseñanza y expresión del amor de Dios. Compartir la casa permite expresar la unidad, la escucha y la reconciliación. Es donde fortalecemos los lazos familiares, comunitarios y se reflejan los principios del Reino de Dios.

Los cristianos de la primera generación se reunían en asambleas que equivale al termino iglesias en las casas. “Las iglesias de aquí, en la provincia de Asia, les mandan saludos en el Señor, igual que Aquila y Priscila y todos los demás que se congregan en la casa de ellos para las reuniones de la iglesia.”, 1 Co 16:19. “Les ruego que saluden de mi parte a nuestros hermanos en Laodicea, y también a Ninfas y a la iglesia que se reúne en su casa.”, Col 4:15. El termino casa (Oikós) aparece unas 115 veces en el Nuevo Testamento.

Las casas fueron espacios de inclusión, sanación, enseñanza, nuevos vínculos, oración y espiritualidad. Jesús es presencia sanadora, liberadora y salvadora. Es Buena Noticia para todos y en primer lugar para los últimos y discriminados.

El Señor nos vuelve a desafiar y nos dice: “Debo hospedarme hoy en tu casa”.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


miércoles, 16 de septiembre de 2026

Jesús da vuelta el orden social y las convenciones establecidas

Dios bendice...

"Uno de los fariseos invitó a Jesús a cenar, así que Jesús fue a su casa y se sentó a comer. Cuando cierta mujer de mala vida que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume. Llorando, se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume. Cuando el fariseo que lo había invitado vio esto, dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué tipo de mujer lo está tocando. ¡Es una pecadora!», Lc 7:36-50

Las más grandes enseñanzas en las que Jesús impartió vida sucedieron mientras compartía su diario andar, cuando caminaba de un pueblo a otro, cuando se detenía ante el pedido de la gente, cuando se sentaba a la mesa. 

Jesús da vuelta el orden social y las convenciones establecidas. Jesús tiene otra visión de orden y sus valores. Es en una casa donde se integran a los excluidos y Jesús cambia el esquema de los tiempos finales rechazando la discriminación y alejamiento.

Compartir la mesa con Jesús es tocar lo más profundo de cada persona con su historia, es nutrir la vida, abrir el corazón con sus alegrías y tristezas. Jesús nos revela sus gestos y sus opciones.

«Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece. Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados. Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra. Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dios bendice a los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios. Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto, porque el reino del cielo les pertenece.”, Mt 5:1-12

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Encuentro mensual compañeros de movimiento. Iglesias en casas. Felipe Echeverri


 

Dios nos llama a disfrutar de su presencia

Su gracia nos alcanza “Invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego.  Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por...