domingo, 4 de octubre de 2026

 «No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.» — Romanos 12:21 NVI

Cada 2 de octubre se conmemora el Día Internacional de la No Violencia. La fecha recuerda que rechazar la violencia no significa resignarse ante el mal, guardar silencio frente a la injusticia ni renunciar a transformar aquello que destruye la vida.
Pablo propone otra lógica: no reproducir aquello que enfrentamos. No permitir que el odio nos enseñe a odiar, que la agresión determine nuestra respuesta o que la violencia termine pareciéndonos inevitable.
«Vence el mal con el bien» no es una invitación a la pasividad. Es una forma exigente de resistencia: enfrentar el mal sin convertirnos en aquello que queremos combatir.
Porque también podemos derrotarnos cuando, intentando vencer el mal, terminamos usando sus mismas armas.
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Los amó hasta el fin

Una mesa de amor

"Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amo hasta el fin”, Jn 13:1

Este capítulo nos habla que se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Entonces se recluye para estar con su propia familia: Los discípulos. ¿Qué sentía en esa hora hacia los discípulos? El texto dice: los amó hasta el fin. 

Jesús era una persona que amaba. En su corazón encontró un lugar para su gente. Su mayor preocupación era seguir preparando a sus discípulos y pruebas futuras. No fue egoísta. No se quedó pensando en sus penas o la perspectiva del gozo posterior. Se resalta la constancia de Jesús. Jesús nos muestra un amor hasta el fin, aunque no todos lo amaron así.

El Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio. Tenía el dominio completo, autoridad y poder. ¿Que hizo Jesús con este poder? Jesús realizo un acto sencillo y profundo: “así que se levantó de la mesa, se quitó el manto, y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura”, Jn. 13: 4-5. 

Jesús hace una exposición dramatizada de la grandeza de su amor: ofreció su servicio a gente que no lo merecía, que lo abandonarían y también ofreció su servicio a una persona que se oponía. Demostró que el amor divino llega hasta las últimas consecuencias. Jesús era una persona que amaba. Los amó hasta el fin.

Que nuestras vidas, comunidades y mesas sea una constante de tener brazos abiertos al estilo de Jesús 

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 3 de octubre de 2026

Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura. La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo

La misión, riesgo y aventura

“Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, ...». Mt 28:18-20

Nelson Morales comenta que “La misión, en su sentido más profundo, no comienza en la iglesia. Comienza en Dios. El Padre envía al Hijo; el Padre y el Hijo envían al Espíritu; y ese mismo Dios trino envía a la iglesia al mundo. La iglesia no inventa la misión. Se incorpora a ella. No funda el proyecto: es llamada a servir dentro de algo que Dios ya está haciendo antes de nuestra planificación, nuestros presupuestos, nuestros eventos y nuestras estrategias.”

La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo y permite que podamos sentarnos en una misma mesa con diferentes énfasis. No se trata de que unos hagan prevalecer su vocación sobre otros o descalificar, menospreciar, sino que los diferentes aportes puedan complementarse, valorar al otro, reconocerlo, aprender y vernos como parte del mismo cuerpo de Cristo. “Es el Espíritu Santo mismo el que hace todo esto, y el que decide qué capacidad darle a cada uno.”, 1 Co 12:11. “Pero Dios puso cada parte del cuerpo en donde quiso ponerla', 1 Co 12:18

Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura. Se trata de un viaje que nos transforma junto a otros, Lc 10:1-12. El Señor nos llama en este tiempo a levantar nuestra mirada, confiar en sus promesas, sus recursos y cooperar unos con otros.

Una vez más les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes», Jn 20:21

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


“La reconciliación”

Ofelia Ortega es teóloga cubana, pastora presbiteriana y una de las voces más importantes del protestantismo ecuménico latinoamericano. Fue la primera mujer ordenada en la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba y su trabajo ha estado marcado por la teología feminista, la reconciliación, la justicia y la vida de las comunidades.

La frase de esta publicación está tomada de su reflexión “La reconciliación”, donde Ofelia Ortega recuerda que la reconciliación no puede reducirse a un gesto sentimental ni a una paz aparente. En el texto, insiste en que la misión de Dios incluye reconciliar, pero también restaurar vínculos dañados, reconocer la verdad y devolver dignidad a quienes han sido heridos.
Ahí está la fuerza de esta frase. Muchas veces se habla del perdón como si bastara con pasar la página. Ortega no va por ese camino. Para ella, no hay reconciliación real si se ignora la justicia, si se silencia la verdad o si se deja intacto aquello que produjo el daño.
Su reflexión también toca la vida cotidiana: la familia, las iglesias, la sociedad, las relaciones entre pueblos. Reconciliar no es fingir que nada ocurrió. Es abrir un camino donde el perdón no encubra la herida, sino que haga posible una vida distinta.
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Memoria, espera y perseverancia

Memoria, espera y perseverancia: tres palabras para una fe que aprende del pasado, habita el presente y sigue caminando aun cuando los procesos toman tiempo.

La memoria nos ayuda a reconocer lo vivido, honrar la historia y evitar repetir aquello que hizo daño. La espera nos enseña que no todo puede resolverse de inmediato: también hay fe en sostener el tiempo con paciencia, atención y confianza. Y la perseverancia nos invita a continuar en el bien, la justicia y la fidelidad, incluso cuando los resultados aún no se ven.
Recordar no significa quedarse atrapado en el pasado. Esperar no es permanecer inmóvil. Perseverar tampoco es resistir por inercia. Las tres implican aprender a discernir, sostener la esperanza y seguir dando pasos cuando el camino se hace largo.
¿Cuál de estas tres palabras describe mejor el momento que estás viviendo?
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viernes, 2 de octubre de 2026

Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende

Volcó las mesas

“Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado. Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones», Mc 11:15-18.

Hay mesas que contradicen los valores del Reino de Dios y simbolizan un juicio. El templo de Jerusalén se había profanado y corrompido. Se transformó en un mecanismo de opresión que explotaban a los pobres. Los mercaderes y cambistas se habían ubicado en el patio de los gentiles. Les habían quitado el lugar que tenían para adorar a Dios. Jesús les vuelca las mesas y los puestos. El hecho es que Jesús purifica el patio de los gentiles.

La acción de Jesús tuvo un carácter profético y social, promoviendo la dignidad, la justicia y la inclusión. El Señor valida la igualdad basada en el amor y la solidaridad. No sabemos cómo pudo imponer su voluntad en esa realidad histórica. Su intervención se vio como algo imperdonable. Una subversión de gran escala. Jesús justifica su intervención mediante la enseñanza que hace referencia a Isaías 56:7 ¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”?

Hace referencia a un reino inclusivo que Dios quiere instaurar. Su preocupación tiene que ver con todas las naciones, para todos los pueblos, a favor de todas las etnias. Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende. Jesús nos muestra un camino a seguir.

Carlos Scott 

Foto Gilbert Lennox


jueves, 1 de octubre de 2026

Salir del espacio litúrgico y del poder de convocatoria

Sentarnos con todos

“Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego”, Lc 14:13 «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor», Lc 4:18-19

Jesús suele darnos vuelta las prioridades y el orden de los que se sientan a la mesa. Los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos están invitados y por lo general son los que no pueden devolver una invitación. Todo esto nos muestra una práctica concreta. Miguel Reyes comenta que “la mesa que convoca Jesús no es la mesa del éxito ni la del reconocimiento. Es la mesa del servicio sin retorno.”

Pueden existir comunidades enteras en sus territorios que esperan una presencia que no llega. Cuando vemos la vida de Jesús descubrimos su intencionalidad en compartir la mesa con todos: Quiero pasar. Quiero entrar. Quiero cenar contigo. Jesús nos enseña en ir donde otros no van y compartir donde otros no quieren hacerlo, Lc 19:1-10.

El Señor se define como el camino y nos espera en otro lugar. Nos desafía en salir del mantenimiento para enfocarnos en su misión. Es salir del espacio litúrgico y del poder de convocatoria. “Significa abrir la mesa de la casa a quien llega, sin condiciones previas.” Es movernos de todos lados hacia todas partes para compartir a Jesús que es el pan de Vida

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


miércoles, 30 de septiembre de 2026

Servir el pan a los que están debajo de la mesa

Debajo de la mesa

"Una mujer que tenía una niña poseída por un espíritu maligno fue y se arrojó a sus pies. Esta mujer era extranjera, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba a Jesús que expulsara al demonio que tenía su hija," Mc 7:24-26.  Esta mujer exclamo: “hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan los hijos”, Mc 7:28. ¿No puedo comer lo que los hijos arrojan al piso?"

Nos encontramos con una mujer que ha sido marginada por su condición de extranjera. Ella percibe que no puede compartir la misma mesa de Jesús. Encima de la mesa está el pan que es el evangelio para todos los pueblos y etnias, pero puede ser desvirtuado cuando solo caen algunas migajas. La mujer se vuelve voz de los marginados. ¿No puedo comer lo que los hijos arrojan al piso?"

“Jesús le dijo: Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija”, Mc 7:29. Jesús encuentra una fe verdadera en la periferia y muy distante de lo que esperaba de los hijos verdaderos, Ro 9:25, Mt 21:43. Se fundamenta la misión universal de Dios, Ef. 2:14, Ga 3:26-28. 

Somos desafiados a imitar a Jesús y servir el pan a los que están debajo de la mesa. Jesús es el pan de vida para todos los pueblos y todas las etnias

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 29 de septiembre de 2026

Verdad, responsabilidad y consuelo: tres palabras para pensar una fe que mira la realidad de frente, reconoce sus consecuencias y aprende a acompañar el dolor.

Decir la verdad supone no encubrir el daño ni acomodar los hechos a nuestra conveniencia. La responsabilidad nos llama a reconocer tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer, especialmente cuando nuestras decisiones afectan la vida de otros. Y el consuelo no consiste en ofrecer respuestas rápidas ni en pedirle a alguien que supere su dolor: es permanecer cerca, escuchar y ofrecer compañía sin negar la herida.

En nuestras relaciones y comunidades necesitamos practicar las tres. Reconocer nuestros errores, asumir las consecuencias de nuestros actos y acompañar a quienes han sido heridos también son expresiones concretas del Evangelio. La fe se hace visible en la manera en que tratamos a las personas, especialmente cuando las cosas no han salido bien.

¿Cuál de estas tres palabras necesitamos practicar mejor en nuestras comunidades de fe?

Verdad, responsabilidad y consuelo: tres palabras para pensar una fe que mira la realidad de frente, reconoce sus consecuencias y aprende a acompañar el dolor.

Decir la verdad supone no encubrir el daño ni acomodar los hechos a nuestra conveniencia. La responsabilidad nos llama a reconocer tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer, especialmente cuando nuestras decisiones afectan la vida de otros. Y el consuelo no consiste en ofrecer respuestas rápidas ni en pedirle a alguien que supere su dolor: es permanecer cerca, escuchar y ofrecer compañía sin negar la herida.

En nuestras relaciones y comunidades necesitamos practicar las tres. Reconocer nuestros errores, asumir las consecuencias de nuestros actos y acompañar a quienes han sido heridos también son expresiones concretas del Evangelio. La fe se hace visible en la manera en que tratamos a las personas, especialmente cuando las cosas no han salido bien.

¿Cuál de estas tres palabras necesitamos practicar mejor en nuestras comunidades de fe?
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#FeCristiana #Responsabilidad #Consuelo

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Verdad, responsabilidad y consuelo: tres palabras para pensar una fe que mira la realidad de frente, reconoce sus consecuencias y aprende a acompañar el dolor.

Caminar con otros

Una misión compartida

“El único que está conmigo es Lucas. Marcos puede ayudarme mucho en mi trabajo, así que búscalo y tráelo contigo cuando vengas”, 2 Ti 4:11

Cuando hablamos de una misión compartida hacemos referencia a la importancia de caminar con otros. Caminar con otros implica abrir espacios, es comunión, compartir, reconocernos que somos el pueblo de Dios, un solo cuerpo

La misión compartida nos habla que siempre hay lugar en la mesa para uno más. Es una invitación amplia, solidaria, diversa e inclusiva. La mesa de Jesús da lugar a los excluidos y nadie tiene el monopolio en la misión. Harold Segura habla de “escuchar historias antes de formular respuestas. Permite disentir sin expulsar, reconocer heridas, matizar opiniones, confesar ignorancias y aprender de otros.” Nuestra fe es trinitaria y de relación

La comunión nos habla de compartir experiencias ya sea el sufrimiento, la alabanza, la persecución, privilegios, realidades. Compartir por medio del dar, donar, ser generosos. Hay relación en el ser y el hacer. Lo que compartimos primero es la fe y lo que sale de la comunión o Koinonia de la fe es la comunión o Koinonia de la obra. Se espera una salida practica y que esta tenga consecuencias concretas.

La comunión nos debe llevar a la misión y nuestro punto de partida es la misión de Dios. Pablo Davies expresa “Nuestra misión es compartir la suya. En Cristo no somos muchos individuos, en Cristo no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer. Tampoco hay rico o pobre, poderoso ni débil, somos uno en Cristo y estamos al servicio de la misión de Dios”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 28 de septiembre de 2026

Paz, reconciliación y cuidado: tres palabras que suelen sonar familiares, pero que exigen mucho más que buenas intenciones.

La paz no es solo ausencia de conflicto. También necesita justicia, dignidad, seguridad y condiciones reales para que la vida pueda florecer.
La reconciliación tampoco consiste en pasar por alto lo ocurrido. Requiere verdad, reconocimiento del daño y caminos concretos de reparación.
Y el cuidado vuelve todo eso cotidiano: prestar atención a la fragilidad, acompañar a las personas y comunidades, y asumir responsabilidad por la vida y la creación.
Tres palabras para pensar una fe que no evade las heridas, sino que busca restaurar, proteger y hacer posible una vida más plena.
¿Cuál de estas tres palabras te parece más urgente hoy?

  «No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.» — Romanos 12:21 NVI Cada 2 de octubre se conmemora el Día Interna...