domingo, 16 de agosto de 2026

Hay dolor cuando se sufre el alejamiento de los que tenían que estar cerca

La soledad y el abandono

"Todavía estaba hablando Jesús cuando de repente llegó Judas, uno de los doce. Lo acompañaba una turba armada con espadas y palos, enviada por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos. El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo le dé un beso, ese es; arréstenlo y llévenselo bien asegurado». Tan pronto como llegó, Judas se acercó a Jesús. —¡Rabí! —le dijo, y lo besó. Entonces los hombres prendieron a Jesús. Pero uno de los que estaban ahí desenfundó la espada e hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole una oreja. —¿Acaso soy un bandido —dijo Jesús—, para que vengan con espadas y palos a arrestarme? Día tras día estaba con ustedes, enseñando en el templo, y no me prendieron. Pero es preciso que se cumplan las Escrituras. Entonces todos lo abandonaron y huyeron”, Mc 14:43-52

El arresto de Jesús nos marca la traición y el abandono de los amigos. Luego es condenado, burlado, torturado, echado y crucificado fuera de la ciudad. La soledad y el abandono es un componente de la cruz y un distintivo de ese momento. 

Hay dolor cuando se sufre el alejamiento de los que tenían que estar cerca. Jesús está solo, especialmente en la hora del arresto, mientras los discípulos se dan a la fuga. Nadie le responde y la única palabra que escuchará será la de Judas. También recibirá un beso y será el beso de la traición. Lo han dejado solo, lo entregaron. 

Hay tristeza cuando te dejan solo y no siempre se capta ese dolor. La distancia puede ser culpable cuando se trata de la indiferencia, de no preguntar, de interesarnos, de la capacidad de comprometernos y cuando hay ausencia es cuando “llega la hora”. Dios nos llama a la relación unos con otros, no estar solos y no dejar a nadie solo. Se trata de ocupar estos espacios vacíos por medio de la comunión, del ánimo, la escucha atenta y el consuelo. 

“Tratemos de ayudarnos unos a otros, y de amarnos y hacer lo bueno”, Heb 10:24 “Amen a los demás con sinceridad ..., y respétense siempre, … Si alguno está alegre, alégrense con él; si alguno está triste, acompáñenlo en su tristeza. Vivan siempre en armonía", Ro 12:9-16

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 15 de agosto de 2026

En el seguimiento de Jesús pasamos por situaciones de dolor

Un camino de obediencia

“Yendo un poco más allá, se postró en tierra y empezó a orar que, de ser posible, no tuviera él que pasar por aquella hora. Decía: «Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú», Mc 14:32-36

El escritor del libro de Hebreos nos dice “Y como Cristo siempre fue obediente, Dios contestó su oración. Aunque él era Hijo de Dios, por medio del sufrimiento aprendió lo que significa obedecer siempre a Dios. Así, una vez que Cristo hizo todo lo que Dios le mandó, se convirtió en el salvador que da vida eterna a todos los que lo obedecen”, Heb 5:7-9.

En el seguimiento de Jesús algunas veces pasamos por situaciones de dolor. El dolor es inevitable, a su vez nos transforma, aprendemos, nos puede hacer más fuertes y es ahí donde también podemos encontrar un camino de salvación. El apóstol Pablo lo expresó de esta manera ”Servimos a Dios, ya sea que la gente nos honre o nos desprecie, sea que nos calumnie o nos elogie. Somos sinceros, pero nos llaman impostores. Nos ignoran aun cuando somos bien conocidos. Vivimos al borde de la muerte, pero aún seguimos con vida. Nos han golpeado, pero no matado. Hay dolor en nuestro corazón, pero siempre tenemos alegría. Somos pobres, pero damos riquezas espirituales a otros. No poseemos nada, y sin embargo, lo tenemos todo”, 2 Co 6:8-10.

En medio de cualquier dolor podemos recordar las palabras del salmista “El Señor oye a los suyos cuando claman a él por ayuda; los rescata de todas sus dificultades. El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado", Sal 34:17-18. "Del mismo modo, y puesto que nuestra confianza en Dios es débil, el Espíritu Santo nos ayuda", Ro 8: 26-28. "En medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quien nos amó, nos dará la victoria total”, Ro 8:37

Carlos Scott



Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos

Temor, tristeza y angustia

“Fueron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús les dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras yo oro». Se llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a sentir temor y tristeza. «Es tal la angustia que me invade que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y vigilen», Mc 14:32-36

Nos encontramos con Jesús antes de la cruz y lo que ha sentido. Jesús llora y se estremece ante la perspectiva de la muerte. Siente angustia, ruega, derrama lágrimas y suplica al que lo puede librar de esa prueba espantosa.

"Cuando Cristo estuvo aquí en el mundo, oró mucho a Dios, y con lágrimas le rogó que lo librara de la muerte, …”, Heb 5:7-9. Jesús no afronta la prueba decisiva como un héroe inconmovible e imperturbable. Es un hijo obediente, pero rechaza el rol de héroe. El héroe se coloca a una distancia inalcanzable. Jesús se manifiesta como cercano a todos nosotros. Es uno que siente nuestros mismos temores y que pasa por nuestros mismos miedos. Jesús se presenta débil, frágil, tembloroso, indefenso, perdido. Jesús no llevará la cruz con la pretensión de que no pasa nada y antes de morir, se romperá el aire con su grito.

Nos gustaría encontrar respuestas, pero en sus labios solamente encontramos una pregunta ¿Por qué me has abandonado? Jesucristo expresa nuestra propia voz de desesperación, nuestras protestas, nuestras rebeliones, tormentos y dudas. El Salvador nos presta su voz y sus lágrimas cuando nuestra garganta ya está seca y nuestros ojos gastados por el llanto. En Jesucristo nuestro clamor se convierte en oración, nuestra soledad encuentra una amistad y las sombras se convierten en luz por sus promesas.

"Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”, Heb 4:14-16

Carlos Scott

viernes, 14 de agosto de 2026

Una mesa que nos llama a la unidad y fraternidad en la relación unos con otros

El camino a una mesa abierta

“Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos, diciéndoles: —Tomen; esto es mi cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la dio a ellos, y todos bebieron de ella. —Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos —les dijo—. Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta aquel día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios”, Mc 14:22-25

El camino es la imagen que define mejor la condición humana. Nos habla de precariedad, fatiga, esperanza, peligros, luz, extravíos, imprevistos. Es aquí donde podemos encontrarnos con aquel que dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, “—Yo soy el pan que da vida. El que confía en mí nunca más volverá a tener hambre; el que cree en mí, nunca más volverá a tener sed.”, Jn 6:35. “Tomen mi pan, este es mi cuerpo”, “tomen de la copa, esta es mi sangre”.

Cuando hacemos memoria del Señor compartimos la alegría de estar juntos. La fe no es un asunto privado, sino un hecho público. El pueblo de Dios es un pueblo que camina, está en marcha, viaja, comparte el pan y la copa. La mesa del pan y del vino es un lugar de celebración donde juntos buscamos a Dios y nos dejamos alcanzar por él. Es una mesa que nos llama a la unidad y fraternidad en la relación unos con otros.

La santa cena es una cita, memoria y anuncio, un encuentro con los suyos y a su vez constituye un adiós. ”Así que, cada vez que ustedes comen de ese pan, o beben de esa copa, anuncian la muerte del Señor Jesús hasta el día en que él vuelva”,1 Co 11:26. Este anuncio tiene que ver con todos los pueblos y todas las etnias. ¿Están todos servidos? El pueblo de Dios celebra este acontecimiento que pertenece al pasado, lo comparte en el presente y garantiza el futuro en la esperanza del Reino de Dios.

“Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta aquel día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios.” La única respuesta a la sangre derramada por el Señor es vivir un amor sin medida.

Carlos Scott


jueves, 13 de agosto de 2026

Él sigue esperando que alguno de los “suyos” se levante y salga fuera a buscar al que se puede perder

Una cena complicada

“Al anochecer, Jesús y los doce discípulos fueron al salón. Mientras cenaban, Jesús dijo: —El que va a entregarme a mis enemigos, está aquí cenando conmigo. Los discípulos se pusieron muy tristes, y cada uno le dijo: —No estarás acusándome a mí, ¿verdad? Jesús respondió: —Es uno de ustedes, y ahora mismo está mojando su pan en el mismo plato que yo”, Mc 14:17-21

Cuando Jesús nos confronta y examina nuestro caminar nos podemos encontrar con una palabra que nos perturba, “—El que va a entregarme a mis enemigos, está aquí cenando conmigo”. Nuestra reacción podría ser como la de ellos "—No estarás acusándome a mí, ¿verdad?”. Los discípulos se pusieron muy tristes y quizás se estarían mirando a sí mismos ante sus opciones oscuras y con sus pecados no confesados. Es el momento donde todo sale a la luz y en esta cena no falta nada, orgullo, impureza, incredulidad, desconfianza, lucha por el poder, traición. 

Recordamos las palabras de Jesús cuando le dice a sus discípulos "amigos, ...”, Jn 15:15. En medio de cualquier circunstancia Jesús se atreve a llamarme “amigo”. Espera de nosotros algo diferente y un nuevo comienzo. Cuando esto no ocurre se le abre la puerta al adversario. “Cuando Judas comió el pan, Satanás entró en él”, Jn 13:27. El demonio tiene vía libre cuando el amor se convierte en desertor. 

“Así que Judas se fue enseguida y se internó en la noche”, Jn 13:30. Cada uno se quedó en su sitio y no se movieron para ir a buscar a Judas. ¿No se habrán dado cuenta? ¿Estaría cada uno pensando en sus propias traiciones? ¿No les interesó la salida de Judas? Parece que esta comida llena de amor se convirtió en una cena de indiferencia de la iglesia naciente. Él sigue esperando que alguno de los “suyos” se levante y salga fuera a buscar al que se puede perder. 

“Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros”, Ga 6:1-3

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


miércoles, 12 de agosto de 2026

El agradecimiento es la memoria del corazón

La memoria del corazón

"Jesús preguntó a sus discípulos: «¿No eran diez los que quedaron sanos? ¿Por qué sólo este extranjero volvió para dar gracias a Dios?». Luego Jesús le dijo al hombre: «¡Levántate y vete! Has quedado sano porque confiaste en mí.», Lc 17:17-19

Nos encontramos con diez personas golpeados por la Lepra y la exclusión de la comunidad. Mientras se dirigen a presentarse a los sacerdotes se dan cuenta que fueron sanados, pero uno solo, un extranjero y además hereje sintió la necesidad de volver y ser agradecido con Jesús dando Gloria a Dios. 

“Jesús preguntó: «¿No sané a diez hombres?” Jesús comienza a restar y solo le queda uno. ¿Dónde están los otros nueve? Seguramente Jesús sintió pena por ellos. Se perdieron la oportunidad de celebrar y ser agradecidos. Es triste pensar que podemos autoexcluirnos cuando perdemos el sentido de estar con Jesús y celebrar la vida. 

En toda celebración con Jesús él nos quiere volver a decir «Levántate y sigue tu camino. Tu fe te ha sanado» Ser agradecidos es el principio de un camino de fe. El agradecimiento es la memoria del corazón. Nuestro problema es cuando perdemos la memoria como les paso a estos nueve y nuestras excusas suelen ser recurrentes. 

Se nos ha concedido la gracia de creer y día a día nuestro Dios nos trata como hijos amados. Todo es gracia y milagro y nuestra gratitud no debe estar anclada solo en el pasado, sino por el presente. Lo peor es no tener nada por que dar gracias. Dios nos llama a vivir la alegría más grande cuanto de trata de sumar en vez de restar.

“Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús. No apaguen al Espíritu Santo”, 1 Ts 5:18-19

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 11 de agosto de 2026

Cuando se trata de Jesús no es suficiente una entrega parcial, cuentas exactas y calculadoras

Mujeres de valor

"Les aseguro que esto que ella hizo, se recordará en todos los lugares donde se anuncien las buenas noticias de Dios», Mc 14:9

El episodio en el cual una mujer derrama un perfume muy caro sobre la cabeza de Jesús representa a todas las mujeres anónimas que son valientes y anuncian el evangelio. 

Mientras que los discípulos están a punto de abandonar al Señor, son las mujeres las que dan continuidad al testimonio. Van surgiendo diferentes mujeres que son testigos de la muerte, de la sepultura y finalmente del sepulcro vacío y de todas ellas no se dice mucho. Son testigos bajo el distintivo del silencio. Son ellas las que aseguran el vínculo entre la muerte y la resurrección. Las que han tenido valor son las mujeres y nos marcan el camino a seguir. Fueron fuertes ante la debilidad y fieles ante el abandono de los demás. Son las que sostenían económicamente el servicio del Señor (Lc 8:1-3), ellas mantenían su esperanza y vivían con amor. 

Cuando se trata de Jesús no es suficiente una entrega parcial, cuentas exactas y calculadoras. Se espera una entrega sin retorno, absoluta y exclusiva. En todo caso el exceso puede representar la medida justa. Estas mujeres hicieron todo lo que podían hacer y Jesús nos enseña a vivir una entrega total.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox



Jesús espera nuestro exceso de amor, de servicio, de fe, esperanza y de toda pasión que haga de la vida una fiesta y celebración

Entrega total

"Esta mujer hizo lo único que podía hacer: derramó perfume sobre mi cabeza, sin saber que estaba preparando mi cuerpo para mi entierro”, Mc 14:8

Lo que tenía que hacer, ella lo ha realizado. Jesús resalta la importancia de la gracia, del don, de la aptitud. Nos encontramos ante la grandeza y la belleza del Señor que se traduce en una entrega total.

Esta mujer también rompió el recipiente y no solo es el perfume derramado, sino también el frasco roto, que de esta manera ya no podrá ser utilizado por otro. A Jesús suele gustarle una entrega absoluta y exclusiva. El exceso de esta entrega puede representar la medida justa.

Este ir más allá por Jesucristo no hace referencia al mantenimiento de una institución o sistema. Este exceso es superar los límites a favor de los pobres, porque los pobres y Jesús van en la misma dirección. Jesucristo se identifica con ellos. Un amor absoluto al Señor se traduce, necesariamente, en atención al prójimo. Los pobres que nunca faltaran tienen todas las de ganar con la locura de los que aceptan entregar la propia vida.

Jesús espera nuestro exceso de amor, de servicio, de fe, esperanza y de toda pasión que haga de la vida una fiesta y celebración a favor de las necesidades menos alcanzadas de los no alcanzados.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 10 de agosto de 2026

El seguidor de Jesús es llamado a comenzar procesos, mantenerlos, ser fiel, tenaz y preparar anticipadamente el porvenir

Una actitud anticipada

"Jesús se encontraba en Betania, en la casa de Simón, un hombre que había tenido lepra. Mientras comía, entró una mujer con un hermoso frasco de alabastro que contenía un perfume costoso, preparado con esencias de nardo. Ella abrió el frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Algunos que estaban a la mesa se indignaron. «¿Por qué desperdiciar un perfume tan costoso? —preguntaron—. ¡Podría haberse vendido por el salario de un año y el dinero dado a los pobres!». Así que la regañaron severamente.

Pero Jesús respondió: «Déjenla en paz. ¿Por qué la critican por hacer algo tan bueno conmigo? Siempre habrá pobres entre ustedes, y pueden ayudarlos cuando quieran, pero a mí no siempre me tendrán. Ella hizo lo que pudo y ungió mi cuerpo en preparación para el entierro. Les digo la verdad, en cualquier lugar del mundo donde se predique la Buena Noticia, se recordará y se hablará de lo que hizo esta mujer», Mc 14:1-10

Hay cosas que pueden hacerse anticipadamente. Ciertas ocasiones son irrepetibles y hay que aprovecharlas. Cuando las mujeres fueron al sepulcro llegaron en el momento justo, pero era demasiado tarde para derramar un perfume sobre el cuerpo de Jesús. Otra mujer lo supo hacer cuando todavía estaba vivo. 

El seguidor de Jesús es llamado a comenzar procesos, mantenerlos, ser fiel, tenaz y preparar anticipadamente el porvenir. “¡Voy a despertarme! ¡Despertaré al arpa y a la lira! ¡Despertaré al nuevo día!”, Sal 57:8. Dios nos anima a vivir en un sentido activo y esta mujer ha realizado una acción anticipada que sin entenderlo todo, formaba parte de la obra completa que haría el Señor para darnos salvación. 

Hoy también hay cosas que podemos hacer anticipadamente para nuestra familia, para las personas que más amamos, para nuestro prójimo y en especial preparando el camino del Señor para que otros puedan gozar y experimentar la salvación que viene de Dios. Seguir el ejemplo de esta mujer implica estar en la línea del amor. Será recordada por su amor y lo nuestro es no olvidar que hemos sido llamados para entregar el aroma del mejor perfume. 

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


viernes, 7 de agosto de 2026

El quebrantamiento nos lleva a fortalecernos en Dios en la más dura aflicción

Quebranto, prueba y madurez

"Pero Dios quitó a Saúl y lo reemplazó con David, un hombre de quien Dios dijo: “He encontrado en David, hijo de Isaí, a un hombre conforme a mi propio corazón; él hará todo lo que yo quiero que haga”, Hch 13:22

David aprendió a ser quebrantado de corazón. Un corazón integro se forma a través de la prueba y la aflicción. Condimento infaltable para que Dios afirme a las personas. David descubrió que nada sirve tener un corazón orgulloso, soberbio y altivo, Sal 19:12-13

“Escudríñame, OH Dios y conoce mis inquietudes, conoce mi corazón, pruébame y ve si hay en mi camino malo y guíame en el camino eterno”, Sal 139:23-24. No siempre conocemos nuestro corazón, pero Sí le podemos pedir a Dios que nos haga conforme a su corazón. 

El quebrantamiento nos lleva a un nuevo nivel de madurez y fe. David fue quebrantado. Sufrió por el celo y la envidia de Saúl; fue engañado. Lo rebajaron de grado militar, procuraron matarlo, lo persiguieron, anduvo en cuevas, en el desierto, se tuvo que hacer pasar por loco para ser aceptado por los extranjeros y enemigos. Sufrió la burla de otros y la incomprensión de sus 600 hombres: "¿Cómo que no mataste a Saúl?”. Quebrantamiento que da integridad. “Yo no toco al ungido de Dios". Amor a Dios y sujeción a su propósito. 

El quebrantamiento nos lleva a fortalecernos en Dios en la más dura aflicción. “Y David se fortalecía en el Señor su Dios”, “Y David consultaba con su Dios”, 1 S 30:6-7. Dios nos llama a “Servir a nuestra propia generación por el propósito de Dios”. Él cumple su propósito, aunque a veces no lo parezca. David pensó: “Saúl me va a matar”, ni se acordaría que fue llamado a ser Rey..., pero Dios cumplió su propósito en David porque él “vivió bajo su autoridad”. 

Un discípulo es alguien que busca ser semejante a Jesús, está dispuesto a tener sus mismos gestos y seguir sus mismas opciones

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox



jueves, 6 de agosto de 2026

Cambiar la Historia

Vivir bajo la autoridad de Dios

El rey David es definido por las escrituras como un hombre que "sirvió a su propia generación por el propósito de Dios", Hch 13:36.

“La persona que Dios utiliza es aquella que vive bajo su autoridad”. Es una persona que responde a un “Llamado”. “Escogió también a David... lo llamó” para pastorear a su pueblo, Sal 78:70-72. Lo llamó como lo hizo con Abraham, Gn 22:11, con Moisés, Éx 3:4, con Gedeón, Jue 6:14-16, con Samuel y ahora nos llama a cada uno de nosotros.

Es un llamado a ver las cosas de una manera diferente y pertenecerle a él. Vivir la calidad de una nueva relación y saber que hay futuro. Implica un compromiso profundo y un nuevo estilo de vida. El que llama es “Yo soy el que soy”. Yo soy todo lo que mi pueblo necesita.

Es una demanda grande y cuando no respondemos a este llamado todo se transforma en un vacío. Debe durar toda la vida. Esta certeza hace que cambie nuestra propia historia y cambia el curso de la historia. David amaba al Señor. Enterneció su corazón para seguirle. Dios le fortalecía. Comenzó día a día hacer su voluntad y Dios estaba con él: “dondequiera que iba resultaba vencedor”.

Dios nos llama en este tiempo para ser discípulos que aman al Señor, sirven a su prójimo y cambian la historia. Un discípulo es alguien que reconoce que Jesús lo eligió para estar con él, aprender de él, servir a la gente y buscar a otros a que sigan a Jesús.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Hay dolor cuando se sufre el alejamiento de los que tenían que estar cerca

La soledad y el abandono "Todavía estaba hablando Jesús cuando de repente llegó Judas, uno de los doce. Lo acompañaba una turba armad...