La espiritualidad en comunidad
Tenemos una fe trinitaria que es una fe relacional. Dios en
tres personas, pero siempre uno. Su oración es que seamos uno y alcancemos la
perfección en la unidad para que el mundo crea, Jn 17:20-21.
Como comunidad trinitaria somos desafiados a vivir
compenetrados unos con otros. Para describir la trinidad algunos usan la
palabra perijóresis o perichóresis que fue tomado o fijado por primera vez en
la iglesia antigua por los Padres Capadocios. Se trata de un término griego que
está construido por dos palabras: una es peri (alrededor) y el otro choreo
(danzar). Es bailar juntos danzando en círculo o alrededor. Significa
“intercambiar lugares”, “danzar en torno”. Una danza de vida y amor.
Cada persona de la trinidad provee espacio para las otras
dos. Hay comunión y comunicación total, donde cada persona existe solamente en
la medida que camina y avanza hacia la otra, ocupando su lugar y habitando en
ella.
La trinidad es una danza divina de tres personas que se aman
unas a las otras y se reciben plenamente, en donde cada una de ellas se vuelve
“una” con las otras. La permanencia y la morada de una de las tres Personas en
la otra significa que son inseparables, que no han de separarse. Cada persona
está en el otro y viceversa, sin mezcla, fusión o confusión. Se mantiene la
personalidad, sin caer en el individualismo. Hay unidad con distinción,
distinción sin mezcla, y unidad sin separación.
Esta fe y amor trinitario es mutuamente sacrificial donde
cada persona renuncia a sí misma para encontrarse realizándose en las otras. El
texto de Juan 17 presenta el modelo de la unidad sobre la base del amor
trinitario. El Señor ruega al Padre que sus discípulos "sean uno, así como
nosotros somos uno”, Jn 17:22 y abre una nueva perspectiva a nuestra mente,
donde sugiere que seamos semejantes a la unión entre las Personas divinas de la
trinidad. Sugiere la unidad en la verdad y el amor. Se nos llama a ser una
comunidad trinitaria que es abierta e invita. Nos desafía a cerrar las grietas
en la iglesia y en la sociedad.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox










