sábado, 3 de octubre de 2026

Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura. La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo

La misión, riesgo y aventura

“Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, ...». Mt 28:18-20

Nelson Morales comenta que “La misión, en su sentido más profundo, no comienza en la iglesia. Comienza en Dios. El Padre envía al Hijo; el Padre y el Hijo envían al Espíritu; y ese mismo Dios trino envía a la iglesia al mundo. La iglesia no inventa la misión. Se incorpora a ella. No funda el proyecto: es llamada a servir dentro de algo que Dios ya está haciendo antes de nuestra planificación, nuestros presupuestos, nuestros eventos y nuestras estrategias.”

La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo y permite que podamos sentarnos en una misma mesa con diferentes énfasis. No se trata de que unos hagan prevalecer su vocación sobre otros o descalificar, menospreciar, sino que los diferentes aportes puedan complementarse, valorar al otro, reconocerlo, aprender y vernos como parte del mismo cuerpo de Cristo. “Es el Espíritu Santo mismo el que hace todo esto, y el que decide qué capacidad darle a cada uno.”, 1 Co 12:11. “Pero Dios puso cada parte del cuerpo en donde quiso ponerla', 1 Co 12:18

Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura. Se trata de un viaje que nos transforma junto a otros, Lc 10:1-12. El Señor nos llama en este tiempo a levantar nuestra mirada, confiar en sus promesas, sus recursos y cooperar unos con otros.

Una vez más les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes», Jn 20:21

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


“La reconciliación”

Ofelia Ortega es teóloga cubana, pastora presbiteriana y una de las voces más importantes del protestantismo ecuménico latinoamericano. Fue la primera mujer ordenada en la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba y su trabajo ha estado marcado por la teología feminista, la reconciliación, la justicia y la vida de las comunidades.

La frase de esta publicación está tomada de su reflexión “La reconciliación”, donde Ofelia Ortega recuerda que la reconciliación no puede reducirse a un gesto sentimental ni a una paz aparente. En el texto, insiste en que la misión de Dios incluye reconciliar, pero también restaurar vínculos dañados, reconocer la verdad y devolver dignidad a quienes han sido heridos.
Ahí está la fuerza de esta frase. Muchas veces se habla del perdón como si bastara con pasar la página. Ortega no va por ese camino. Para ella, no hay reconciliación real si se ignora la justicia, si se silencia la verdad o si se deja intacto aquello que produjo el daño.
Su reflexión también toca la vida cotidiana: la familia, las iglesias, la sociedad, las relaciones entre pueblos. Reconciliar no es fingir que nada ocurrió. Es abrir un camino donde el perdón no encubra la herida, sino que haga posible una vida distinta.
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Memoria, espera y perseverancia

Memoria, espera y perseverancia: tres palabras para una fe que aprende del pasado, habita el presente y sigue caminando aun cuando los procesos toman tiempo.

La memoria nos ayuda a reconocer lo vivido, honrar la historia y evitar repetir aquello que hizo daño. La espera nos enseña que no todo puede resolverse de inmediato: también hay fe en sostener el tiempo con paciencia, atención y confianza. Y la perseverancia nos invita a continuar en el bien, la justicia y la fidelidad, incluso cuando los resultados aún no se ven.
Recordar no significa quedarse atrapado en el pasado. Esperar no es permanecer inmóvil. Perseverar tampoco es resistir por inercia. Las tres implican aprender a discernir, sostener la esperanza y seguir dando pasos cuando el camino se hace largo.
¿Cuál de estas tres palabras describe mejor el momento que estás viviendo?
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viernes, 2 de octubre de 2026

Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende

Volcó las mesas

“Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado. Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones», Mc 11:15-18.

Hay mesas que contradicen los valores del Reino de Dios y simbolizan un juicio. El templo de Jerusalén se había profanado y corrompido. Se transformó en un mecanismo de opresión que explotaban a los pobres. Los mercaderes y cambistas se habían ubicado en el patio de los gentiles. Les habían quitado el lugar que tenían para adorar a Dios. Jesús les vuelca las mesas y los puestos. El hecho es que Jesús purifica el patio de los gentiles.

La acción de Jesús tuvo un carácter profético y social, promoviendo la dignidad, la justicia y la inclusión. El Señor valida la igualdad basada en el amor y la solidaridad. No sabemos cómo pudo imponer su voluntad en esa realidad histórica. Su intervención se vio como algo imperdonable. Una subversión de gran escala. Jesús justifica su intervención mediante la enseñanza que hace referencia a Isaías 56:7 ¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”?

Hace referencia a un reino inclusivo que Dios quiere instaurar. Su preocupación tiene que ver con todas las naciones, para todos los pueblos, a favor de todas las etnias. Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende. Jesús nos muestra un camino a seguir.

Carlos Scott 

Foto Gilbert Lennox


jueves, 1 de octubre de 2026

Salir del espacio litúrgico y del poder de convocatoria

Sentarnos con todos

“Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego”, Lc 14:13 «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor», Lc 4:18-19

Jesús suele darnos vuelta las prioridades y el orden de los que se sientan a la mesa. Los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos están invitados y por lo general son los que no pueden devolver una invitación. Todo esto nos muestra una práctica concreta. Miguel Reyes comenta que “la mesa que convoca Jesús no es la mesa del éxito ni la del reconocimiento. Es la mesa del servicio sin retorno.”

Pueden existir comunidades enteras en sus territorios que esperan una presencia que no llega. Cuando vemos la vida de Jesús descubrimos su intencionalidad en compartir la mesa con todos: Quiero pasar. Quiero entrar. Quiero cenar contigo. Jesús nos enseña en ir donde otros no van y compartir donde otros no quieren hacerlo, Lc 19:1-10.

El Señor se define como el camino y nos espera en otro lugar. Nos desafía en salir del mantenimiento para enfocarnos en su misión. Es salir del espacio litúrgico y del poder de convocatoria. “Significa abrir la mesa de la casa a quien llega, sin condiciones previas.” Es movernos de todos lados hacia todas partes para compartir a Jesús que es el pan de Vida

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


miércoles, 30 de septiembre de 2026

Servir el pan a los que están debajo de la mesa

Debajo de la mesa

"Una mujer que tenía una niña poseída por un espíritu maligno fue y se arrojó a sus pies. Esta mujer era extranjera, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba a Jesús que expulsara al demonio que tenía su hija," Mc 7:24-26.  Esta mujer exclamo: “hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan los hijos”, Mc 7:28. ¿No puedo comer lo que los hijos arrojan al piso?"

Nos encontramos con una mujer que ha sido marginada por su condición de extranjera. Ella percibe que no puede compartir la misma mesa de Jesús. Encima de la mesa está el pan que es el evangelio para todos los pueblos y etnias, pero puede ser desvirtuado cuando solo caen algunas migajas. La mujer se vuelve voz de los marginados. ¿No puedo comer lo que los hijos arrojan al piso?"

“Jesús le dijo: Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija”, Mc 7:29. Jesús encuentra una fe verdadera en la periferia y muy distante de lo que esperaba de los hijos verdaderos, Ro 9:25, Mt 21:43. Se fundamenta la misión universal de Dios, Ef. 2:14, Ga 3:26-28. 

Somos desafiados a imitar a Jesús y servir el pan a los que están debajo de la mesa. Jesús es el pan de vida para todos los pueblos y todas las etnias

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 29 de septiembre de 2026

Verdad, responsabilidad y consuelo: tres palabras para pensar una fe que mira la realidad de frente, reconoce sus consecuencias y aprende a acompañar el dolor.

Decir la verdad supone no encubrir el daño ni acomodar los hechos a nuestra conveniencia. La responsabilidad nos llama a reconocer tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer, especialmente cuando nuestras decisiones afectan la vida de otros. Y el consuelo no consiste en ofrecer respuestas rápidas ni en pedirle a alguien que supere su dolor: es permanecer cerca, escuchar y ofrecer compañía sin negar la herida.

En nuestras relaciones y comunidades necesitamos practicar las tres. Reconocer nuestros errores, asumir las consecuencias de nuestros actos y acompañar a quienes han sido heridos también son expresiones concretas del Evangelio. La fe se hace visible en la manera en que tratamos a las personas, especialmente cuando las cosas no han salido bien.

¿Cuál de estas tres palabras necesitamos practicar mejor en nuestras comunidades de fe?

Verdad, responsabilidad y consuelo: tres palabras para pensar una fe que mira la realidad de frente, reconoce sus consecuencias y aprende a acompañar el dolor.

Decir la verdad supone no encubrir el daño ni acomodar los hechos a nuestra conveniencia. La responsabilidad nos llama a reconocer tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer, especialmente cuando nuestras decisiones afectan la vida de otros. Y el consuelo no consiste en ofrecer respuestas rápidas ni en pedirle a alguien que supere su dolor: es permanecer cerca, escuchar y ofrecer compañía sin negar la herida.

En nuestras relaciones y comunidades necesitamos practicar las tres. Reconocer nuestros errores, asumir las consecuencias de nuestros actos y acompañar a quienes han sido heridos también son expresiones concretas del Evangelio. La fe se hace visible en la manera en que tratamos a las personas, especialmente cuando las cosas no han salido bien.

¿Cuál de estas tres palabras necesitamos practicar mejor en nuestras comunidades de fe?
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#FeCristiana #Responsabilidad #Consuelo

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Verdad, responsabilidad y consuelo: tres palabras para pensar una fe que mira la realidad de frente, reconoce sus consecuencias y aprende a acompañar el dolor.

Caminar con otros

Una misión compartida

“El único que está conmigo es Lucas. Marcos puede ayudarme mucho en mi trabajo, así que búscalo y tráelo contigo cuando vengas”, 2 Ti 4:11

Cuando hablamos de una misión compartida hacemos referencia a la importancia de caminar con otros. Caminar con otros implica abrir espacios, es comunión, compartir, reconocernos que somos el pueblo de Dios, un solo cuerpo

La misión compartida nos habla que siempre hay lugar en la mesa para uno más. Es una invitación amplia, solidaria, diversa e inclusiva. La mesa de Jesús da lugar a los excluidos y nadie tiene el monopolio en la misión. Harold Segura habla de “escuchar historias antes de formular respuestas. Permite disentir sin expulsar, reconocer heridas, matizar opiniones, confesar ignorancias y aprender de otros.” Nuestra fe es trinitaria y de relación

La comunión nos habla de compartir experiencias ya sea el sufrimiento, la alabanza, la persecución, privilegios, realidades. Compartir por medio del dar, donar, ser generosos. Hay relación en el ser y el hacer. Lo que compartimos primero es la fe y lo que sale de la comunión o Koinonia de la fe es la comunión o Koinonia de la obra. Se espera una salida practica y que esta tenga consecuencias concretas.

La comunión nos debe llevar a la misión y nuestro punto de partida es la misión de Dios. Pablo Davies expresa “Nuestra misión es compartir la suya. En Cristo no somos muchos individuos, en Cristo no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer. Tampoco hay rico o pobre, poderoso ni débil, somos uno en Cristo y estamos al servicio de la misión de Dios”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 28 de septiembre de 2026

Paz, reconciliación y cuidado: tres palabras que suelen sonar familiares, pero que exigen mucho más que buenas intenciones.

La paz no es solo ausencia de conflicto. También necesita justicia, dignidad, seguridad y condiciones reales para que la vida pueda florecer.
La reconciliación tampoco consiste en pasar por alto lo ocurrido. Requiere verdad, reconocimiento del daño y caminos concretos de reparación.
Y el cuidado vuelve todo eso cotidiano: prestar atención a la fragilidad, acompañar a las personas y comunidades, y asumir responsabilidad por la vida y la creación.
Tres palabras para pensar una fe que no evade las heridas, sino que busca restaurar, proteger y hacer posible una vida más plena.
¿Cuál de estas tres palabras te parece más urgente hoy?

Dios nos indica su generosidad para que sea la nuestra

La lógica del Reino

“Cuando Jesús vio que todos los invitados a la cena trataban de sentarse en los lugares de honor, cerca de la cabecera de la mesa, les dio el siguiente consejo: ... ocupa el lugar más humilde, al final de la mesa. Pues aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados». Luego Jesús se dirigió al anfitrión: «Cuando ofrezcas un almuerzo o des un banquete—le dijo—, no invites a tus amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos. Pues ellos también te invitarán a ti, y esa será tu única recompensa. Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego. Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor». Lc 14:7-14

Jesús plantea como suelen ser nuestras motivaciones en diferentes circunstancias. Se buscan los lugares de honor y nos desafía a cambiar nuestro paradigma y corazón. “Pues aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados».

Harold Segura comenta “Allí quedan expuestos los intereses, los cálculos y los egoísmos de quienes se consideran naturalmente dignos de ocupar los lugares de honor. La lógica del Reino, sin embargo, altera esa forma de entender el valor humano. No se trata de prestigio acumulado, sino de humildad recibida. No se trata de asegurar el asiento propio, sino de abrir espacio para otros.”

Hay una invitación a mirar “al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego.” Dios nos indica su generosidad para que sea la nuestra. Mirar por las necesidades no alcanzadas de los menos alcanzados. Hay una celebración que el Señor desea hacer, es su fiesta, debe continuar, queda espacio y hay lugar para todos. “Eso es la gracia: puertas abiertas, manos que reciben y una voz que llama a quienes siempre habían estado afuera.”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


domingo, 27 de septiembre de 2026

La atención de Dios se refleja en el rostro de lo humano

Una vida humana

“Jesús se fue y entró en la sinagoga del lugar.  Allí había un hombre que tenía una mano tullida. Como los fariseos buscaban la manera de acusar de algo malo a Jesús, le preguntaron: —¿Permite nuestra ley sanar a una persona en el día de descanso? Jesús les respondió: —Si a uno de ustedes se le cayera una oveja en un pozo en el día de descanso, ¿la sacaría de allí? ¡Por supuesto que sí! ¡Pues una persona vale mucho más que una oveja! Por eso está permitido hacer el bien en el día de descanso. Luego Jesús le dijo al hombre que no podía mover la mano: «Extiende tu mano». El hombre la extendió, y la mano le quedó tan sana como la otra.  Entonces los fariseos salieron de la sinagoga y comenzaron a hacer planes para matar a Jesús, Mt 12:9-14

La atención de Dios se refleja en el rostro de lo humano y esto tiene la prioridad. Harold Segura comparte que “Donde Jesús está presente, hay espacio para la interrupción de lo humano: enfermedad, opresión social, angustia espiritual, exclusión, hambre, vergüenza o soledad. Lo que parecía una escena ceremonial se convierte en un lugar donde la misericordia de Dios altera el orden establecido.”

El dolor humano se hace presente de diferentes maneras y Jesús pone la vida en el centro. El centro no es una verdad conceptual o que explica el mal, sino una verdad encarnada.

“Al enterarse Jesús de lo que planeaban los fariseos, se fue de allí, y mucha gente lo siguió. Jesús sanó a todos los que estaban enfermos y les ordenó que no contaran a nadie nada acerca de él. Así se cumplió lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías: «¡Miren a mi elegido, al que he llamado a mi servicio! Yo lo amo mucho, y él me llena de alegría. Yo pondré en él mi Espíritu, y él anunciará mi justicia entre las naciones. No discutirá con nadie, ni gritará. ¡Nadie escuchará su voz en las calles! No les causará más daño a los que estén heridos, ni acabará de matar a los que estén agonizando. Al contrario, fortalecerá a los débiles y hará triunfar la justicia.  ¡Todas las personas del mundo confiarán en él!», Mt 12:15-21

Jesús siempre y en todo momento es nuestra Esperanza.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura. La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo

La misión, riesgo y aventura “Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tant...