La palabra de vida que sale del silencio
"¿Qué significan estas denuncias en tu contra? Pero
Jesús se quedó callado y no contestó nada, —¿Eres el Cristo, el Hijo del
Bendito? —le preguntó de nuevo el sumo sacerdote —Sí, yo soy —dijo
Jesús—. Y ustedes verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del
Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo", Mc 14:60-62
El silencio es plenitud, no vacío. Es riqueza, don,
comunicación, no aspereza. Callar puede ser necesario y es el sacrificio de la
palabra. En la vida hay tiempo para callar y un tiempo para hablar, Ec
3:7. Del silencio nace la palabra justa en el momento justo y del silencio nace
la palabra que es vida.
“De la Palabra nace la vida, y la Palabra, que es la
vida, es también nuestra luz. La luz alumbra en la oscuridad, ¡y
nada puede destruirla!... Aquel que es la Palabra estaba en el
mundo. Dios creó el mundo por medio de aquel que es la
Palabra, pero la gente no lo reconoció. La Palabra vino a vivir a
este mundo, pero su pueblo no la aceptó. Pero aquellos que la
aceptaron y creyeron en ella, llegaron a ser hijos de Dios. Son
hijos de Dios por voluntad divina, no por voluntad humana. Aquel
que es la Palabra habitó entre nosotros y fue como uno de
nosotros. Vimos el poder que le pertenece como Hijo único de
Dios, pues nos ha mostrado todo el amor y toda la verdad”, Jn
1:1-14.
Jesucristo nos vuelve a decir “—Sí, yo soy”, “Yo soy el que
soy”. Yo soy lo que toda persona necesita. “Que todo mi ser espere en silencio
delante de Dios, porque en él está mi esperanza. Solo él es mi roca y
mi salvación, mi fortaleza donde no seré sacudido. Mi victoria y mi
honor provienen solamente de Dios; él es mi refugio, una roca donde ningún
enemigo puede alcanzarme. Oh pueblo mío, confía en Dios en todo
momento; dile lo que hay en tu corazón, porque él es nuestro
refugio”, Sal 62:5-8
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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