Nuevos discípulos y comunidades de fe
"Ordenó que detuvieran el carruaje, descendieron al
agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor
arrebató a Felipe. El eunuco nunca más volvió a verlo, pero siguió su camino
con mucha alegría. Entre tanto, Felipe se encontró más al norte, en la ciudad
de Azoto. Predicó la Buena Noticia allí y en cada pueblo a lo largo del camino,
hasta que llegó a Cesarea", Hch 8:38-40
Cuando hablamos de llevar el evangelio a todas partes se
espera una firme determinación y actitud intencional de hacer discípulos.
Hablamos de la gente y no de terrenos, construcciones, edificios o etiquetas
denominacionales. Implica el trabajo de personas comprometidas las unas con las
otras, donde se mantiene la comunión, comunicación y los ojos puestos en
Jesús.
El comienzo de nuevas comunidades de fe da la oportunidad a
que todos se puedan involucrar desarrollando sus dones espirituales en amor y
unidad. Somos llamados a unirnos a la misión de Dios a favor de toda la gente y
ser testigos en círculos cada vez más amplios. La iglesia debe ampliar su
influencia y no tolerar ningún nacionalismo estrecho. Ninguna estructura
religiosa, institución, jerarquía o tradición debe ser un obstáculo para que
los seguidores de Jesucristo puedan comenzar nuevas iglesias.
Jesús nos llama y nos desafía a ampliar nuestro horizonte,
Hch 1:8. La tentación de los primeros discípulos fue pensar en su propio reino,
pero el Reino de Dios es un reino Universal, multicultural, multiétnico, que
abarca el cosmos, toda la tierra, todas las etnias, toda lengua y toda cultura.
Liberar y soltar a la gente implica que el evangelio avance sin privatizar la
misión. La misión no tiene dueño y Dios nos llama a cruzar barreras de iglesia
a no iglesia en palabra y obra a favor de la extensión del Reino de Dios.
Carlos
Scott
.webp)
No hay comentarios:
Publicar un comentario