miércoles, 15 de abril de 2026

No podemos contener lo que nos da alegría y lo compartimos

Historia

"Jesús le dijo: —Ve y trae a tu esposo.  —No tengo esposo—respondió la mujer. —Es cierto —dijo Jesús—. No tienes esposo porque has tenido cinco esposos y ni siquiera estás casada con el hombre con el que ahora vives. ¡Ciertamente dijiste la verdad!", Jn 4:16-18

Jesús sabe cuál es nuestra historia y la quiere cambiar, reorientar, redirigir. La mujer anónima de Samaria nos recuerda que Jesús "sabe", conoce nuestros enredos más secretos. Su palabra y su mirada, nos quita las máscaras, deja al descubierto las heridas que intentamos esconder, denuncia las verdaderas causas de nuestra insatisfacción e inquietud. Ante la presencia de Jesús no podemos escondernos y quedamos expuestos como somos. Él quiere quitar el empobrecimiento que muchas veces enfrentamos, toda disminución, toda complacencia.

Se trata de no dejar para mañana la conversión, de diferir hasta el infinito las decisiones más comprometedoras. El encuentro con él, si es verdadero encuentro, es inquietante, perturbador, no deja nunca las cosas y las personas como estaban. Nos vemos obligados a rehacer la escala de valores. Hay un cambio profundo de costumbres y se descubre lo esencial.  No podemos contener lo que nos da alegría y lo compartimos. "Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!", 2 Co 5:17

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox 


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