Una declaración decisiva
“Jesús lanzó un fuerte grito y murió … El oficial romano que estaba frente a Jesús lo vio morir, y dijo: —En verdad este hombre era el Hijo de Dios.”, Mc 15:37-39
Marcos nos habla de un oficial romano que reconoce en Jesús
al Hijo de Dios. Esta declaración constituye el punto de llegada del
Evangelio. Es la respuesta tan esperada a una pregunta fundamental: ¿Quién es
Jesús?
Esta contestación viene de parte de un gentil o pagano y se
constituye en una verdadera declaración de fe. Nos hace ver que el Espíritu
prometido ya estaba actuando en medio de las personas. Cuando Jesús fue
bautizado una voz que venía del cielo le dijo: «Tú eres mi Hijo, a quien
quiero mucho. Estoy muy contento contigo.», Mc 1:11 y ahora, en el Calvario,
después de su muerte hay un reconocimiento: "En verdad este hombre era el
Hijo de Dios".
Es interesante observar que esta declaración no viene de
parte de un discípulo, un amigo o un familiar, sino de parte de un gentil. Este
oficial llegó a descubrir la identidad de Jesús no precisamente en el
momento del triunfo, sino en la derrota y el fracaso. Nos encontramos con
el cuerpo de Jesús azotado, una corona de espinas en la cabeza, desnudo,
burlado, expuesto a todos los golpes, clavado y asesinado en una cruz. Es
conmovedor ver que Jesús es reconocido no en el momento feliz de los milagros,
sino cuando se negó a hacer el milagro de bajar de la cruz y murió.
En la oscuridad del final es reconocido por este oficial, un
gentil que puede ver con claridad. En medio de la densa tiniebla que
cubrió la tierra, esta persona pudo distinguir un rostro divino. Lo
reconoce cuando está desfigurado y no transfigurado. “Creyente no es el
privilegiado envuelto en la luz; es el que, incluso en la oscuridad, logra ver
claro”
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
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