Dios honra a los que le honran
¡Alabemos a nuestro Dios! ¡Dios bendice a quienes lo adoran y gozan cumpliendo sus mandamientos!, Sal 112:1
Después que Dios liberara a los israelitas de la esclavitud egipcia, él se convirtió en su Rey. El pueblo reconoció esto y cantaron: “El Señor reina por siempre y para siempre”, Éx 15:18. Cientos de años más adelante vinieron los jueces de Israel quienes fueron nombrados por Dios y sirvieron para gobernar. El pueblo observó que el sabio y buen juez Samuel, se estaba poniendo viejo y que sus hijos eran personas que gobernaban pervirtiendo la justicia y aceptando sobornos. Todo este contexto fue lo suficientemente razonable para pedir un Rey como lo tenían todas las naciones, pero esta actitud entristeció a Samuel y a Dios. ¿Cuál era el problema?
El Señor le dijo: “Considera seriamente todo lo que el pueblo te diga. En realidad, no te han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que yo reine sobre ellos”, 1 Samuel 8:6-7. A veces pedimos cosas que resisten la dirección de Dios y entran en conflicto con nuestras propias vidas. Esto nos lleva a perder la fe y nuestro distintivo como pueblo de Dios. El resultado fue que ellos eligieron un rey (Saúl) quien sería un tirano, 1 S 8:9-18.
Mel Lawrenz comenta: "Cualquier petición que está fuera de la dirección de Dios puede dañar nuestras vidas y causar dolor a los que más queremos."
"Quien quiera servirme debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará.", Jn 12:26
Carlos Scott

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