Nuevos escenarios
"Dios me ha mostrado que yo no debo rechazar a nadie”, Hch 10:28.
Pedro fue una persona que estuvo acostumbrado a obedecer las reglas religiosas
judías o sea la Ley y por lo tanto el contacto con los gentiles debía evitarse.
Cuando se encuentra con el centurión o capitán Cornelio junto a sus familiares
y un grupo de sus mejores amigos les dice: “Ustedes deben saber que, a
nosotros, los judíos, la ley no nos permite visitar a personas de otras etnias
ni estar con ellas. Pero Dios me ha mostrado que yo no debo rechazar a nadie”,
Hch 10:28.
Los soldados romanos no eran bien vistos por los judíos nacionalistas y
ortodoxos. Quizás Pedro fue de mala gana a verlo a Cornelio, pero no renuncio a
lo que Dios le pedía. En medio de una situación incómoda es cuando se derrama
el Espíritu Santo mostrando a Pedro y a los otros judíos que para Dios todos
somos iguales y que Dios no muestra favoritismo.
Al igual que Pedro el Señor nos presenta nuevos escenarios, contextos y
determinadas circunstancias. La tentación es decir que no debemos mezclarnos
con la gente “impura”, “inmunda”, “no creyente”, pero Dios nos dice no llames
“impuro, inmundo y no aceptable” lo que yo estoy limpiando y llamando.
Dios es amor, pero ahora somos nosotros los que tenemos leyes, reglas,
determinados legalismos y tradiciones que a veces nos hacen correr el riesgo de
faltar a nuestra misión. Se trata de mantenernos puros y la consecuencia es que
nos alejamos de aquellos que no son como me gustaría que fueran y los
evadimos.
La santidad bien entendida nos debe llevar a buscar “al otro” y no retirarme
del escenario público. Amar como Dios ama. “No olvidemos que las buenas nuevas
incluyen la noticia de que los que estaban lejos han sido hechos cercanos”
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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