Fin al odio, la enemistad y el legalismo
“Haz que Pedro venga a tu casa, y escucha bien lo que
va a decirte” … Allí Pedro encontró a toda la gente que se había reunido
para recibirlo, y les dijo: … Dios me ha mostrado que yo no debo
rechazar a nadie”, Hch 10:22-28
Lucas nos relata acontecimientos claves que impulsan a los
discípulos a compartir el evangelio. Implica reconocer “al otro” y a toda
persona sin excepción afirmando su plena humanidad y origen étnico.
Toda persona es sujeto del amor y cuidado de Dios. Las
Buenas Nuevas de Jesucristo están destinadas a todas las etnias y pueblos. Se
nos llama a reconocer a los otros, derribar prejuicios, racismo y declarar su
dignidad como personas creadas a la imagen de Dios.
En todo proceso de restauración de la justicia y la paz se
nos confronta a que tengamos una actitud de confesión y arrepentimiento por no
tener presente a nuestro prójimo. La iglesia es la comunidad donde las barreras
que separan a los humanos deben ser derribadas por el amor de Cristo.
“Cristo nos ha dado la paz. Por medio de su sacrificio en la
cruz, Cristo ha puesto fin al odio que, como una barrera, separaba a los judíos
de los que no son judíos, y de dos pueblos ha hecho uno solo. Cristo ha puesto
fin a los mandatos y reglas de la ley, y por medio de sí mismo ha creado, con
los dos grupos, un solo pueblo amigo. Por medio de su muerte en la
cruz, Cristo puso fin a la enemistad que había entre los dos grupos, y los
unió, formando así un solo pueblo que viviera en paz con Dios... Por medio de
lo que Jesucristo hizo, tanto los judíos como los no judíos tenemos un mismo
Espíritu, y podemos acercarnos a Dios el Padre”, Ef 2:14-18.
“Por eso, ya no importa si alguien es judío o no lo es, o si
está circuncidado o no lo está. Tampoco tiene importancia si pertenece a un
pueblo muy desarrollado o poco desarrollado, o si es esclavo o libre. Lo que
importa es que Cristo lo es todo, y está en todos”, Col 3:11.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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