Cuando el Señor establece la gran comisión lo hace desde la periferia, una provincia apartada como es Galilea. No lo hace desde el centro del poder que está en Jerusalén.
Fue en Galilea donde Jesús comenzó su ministerio, Lc. 4:14-15; y eligió a sus primeros discípulos, Lc. 6:12-16. Darío López comenta que la opción de Jesús por Galilea no fue circunstancial sino una elección intencional. ¿Porque la opción no surgió desde Jerusalén? Jesús eligió cumplir su ministerio entre las masas olvidadas por los líderes políticos y religiosos para luego ir a Jerusalén.
La periferia representó tarea impostergable y compromiso ineludible. Incluía a todos ya sean judíos, Samaritanos y Gentiles. Jesús los envía a llevar la buena nueva del Reino de Dios y este mandato es para todas las generaciones. Un mensaje que tiene que ver con la transformación total de la existencia humana. Por lo tanto, Jesucristo nos comisiona desde la periferia a llevar todo el evangelio a todas las naciones.
El despertar misionero en lo general surge fuera de los centros de decisión. Esto pasó en la historia de las misiones con Guillermo Carey. Fue una persona que tocó a su generación (1761-1834, siglo XVIII). Provenía de una familia de clase media baja en Inglaterra. Aprendió el oficio de zapatero y fue pastor. Su lema fue: Espere grandes cosas de Dios, arriesgue grandes cosas por Dios, Is. 54:2-3.
Sus contemporáneos le presentaban varias objeciones ante el desafío sobre la evangelización mundial: ¿Por qué debemos ir allá si hay tanta gente acá sin alcanzar? Carey les contestaba que era válida la pregunta, pero el hecho que tengamos gente sin alcanzar localmente no es una excusa para no llevar el evangelio a otras culturas o traspasar fronteras políticas, geográficas, culturales y sociales. El hecho que están sin alcanzar acá no es un argumento válido para abandonar la tarea de alcanzarlos en otros lados.
La respuesta de muchos líderes fue: «Dios hará la tarea sin usted y sin nosotros. Tome asiento». Pero Guillermo Carey no era una persona para quedarse sentada dado que tenía pasión y su corazón ardía por la tarea de la evangelización mundial. El entendía que la iglesia involucrada en la evangelización mundial es una tarea de cada generación y de cada época e involucra a toda la iglesia.
Partió para la India en 1793 y su impacto fue tremendo. Vivió como misionero durante 40 años sin interrupción. Carey creía que aquellos que no conocían a Cristo estaban perdidos. Entendía a la misión como un mandato de obediencia. Estudió bengalí, les predicaba a los indios, comenzó a aprender el sanscrito y al mismo tiempo traducir la Biblia al bengalí. Fundó una iglesia nativa y contextualizó por medio de predicadores locales. A su muerte había traducido la Biblia o porciones de la misma a por lo menos 35 idiomas y dialectos de la India.
La lucha de Carey es la misma hoy. Cada generación tiene que hacer su labor. «La iglesia misma requiere, una y otra vez, ser desafiada para la tarea de evangelización mundial. La gran Comisión no envejece, la tarea de misiones nunca acaba por lo tanto cada generación debe hacerla suya.
Las instituciones religiosas grandes y estructuradas tienen una tendencia a centrarse en su propio universo y necesidades, por lo que pierden de vista el carácter de universalidad que es inherente a la misma y no se puede separar de su vocación eclesiológica. El despertar misionero surge, una vez tras otra, como una iniciativa por fuera de los centros de decisión o, como dice Gustavo Warneck, de parte de los «silenciosos de la tierra», se podría decir, de los «zapateros» de la vida»
Cómo iglesia debemos preguntarnos: ¿Podrán las instituciones a las cuales representamos hacer un esfuerzo más intencional de llevar todo el evangelio a todo el mundo? «La misión es una tarea cotidiana de la iglesia en cualquier lugar, en cualquier tiempo y en cada generación» Somos llamados a ser personas claves para que el evangelio esté disponible a cada persona en todas partes.
Carlos Scott
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