jueves, 22 de febrero de 2024

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“Jesús entró en la sinagoga y comenzó a enseñar... De pronto, un hombre en la sinagoga, que estaba poseído por un espíritu maligno, gritó: «¿Por qué te entrometes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Yo sé quién eres: el Santo de Dios!» Pero Jesús lo reprendió: «¡Cállate!—le ordenó—. ¡Sal de este hombre!». En ese mismo momento, el espíritu maligno soltó un alarido, le causó convulsiones al hombre y luego salió de él", Mc 1:21-26

Martín Lutero decía “Donde Dios ha construido una iglesia, el demonio construye también su capilla”. Saber diferenciar una de la otra es la esencia de la comunión entre los creyentes y saber cómo enfrentar el mal. Suele pasar que algunas veces se vive entre los extremos que todo lo que pasa y anda mal es demoníaco o nada es demoníaco. Dios está en el centro de todo, el señorío es de Cristo y es clave rechazar la centralidad del demonio. Dios nos invita a ver y vivir en su Gracia y el demonio es inferior a Dios bajo todos los conceptos. “Debemos rechazar el demonio como excusa para anular la libertad y la responsabilidad humana. Antes que nada, debemos señalarnos con el dedo a nosotros mismos, no consolarnos diciendo que otros nos arrastran, nos despedazan y nos quebrantan”. Ante todo, está el ser humano con su libertad y con su riesgo fascinante. “Piensa bien antes de actuar, y estarás bien protegido; el mal no te alcanzará ni los malvados podrán contigo”, Pr 2:11-12 “El cielo y la tierra son testigos de que hoy les he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Yo les aconsejo, a ustedes y a sus descendientes, que elijan la vida”, Dt 30:19. “Busquen al Señor y su fuerza, búsquenlo continuamente”, 1 Cr 16:11

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox
 

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